El dualismo cartesiano catalán

diciembre 05 07:31 2017 Print This Article

César Alcalá

Uno podría decir que se ha vuelto a la normalidad. Gracias al 155, por supuesto. La salida de los consellers forma parte del teatro que están montando los amigos del procés. Una teatralidad que conlleva llevar lazos amarillos, colgar cartelitos, colgar pancartas, ir vestido de amarillo… todo esto es atrezzo de un movimiento que se ha sustentado más gracias a la teatralidad que a la ideología política. Ideología utópica la han tenido y mucha, pero carente de fundamento y con un recorrido muy corto. El procés se puede definir como un dualismo cartesiano.

Lo cierto es que esta llamada normalidad puede resultar para algunos anormal. ¿Qué quiero decir? Muchas son las voces que consideran que en Cataluña se cometió un acto ilegal a lo largo del mes de septiembre. Muchos son contrarios a que la DUI se aplique. Muchos están viendo y sufriendo sus consecuencias. Lo sufren económicamente y socialmente. Por eso no comprenden la situación actual.

Por una parte unos señores que se saltaron la ley pueden presentarse y repetir en unas elecciones al Parlament de Catalunya. Por una parte hay unos que se han quedado y otros que se fugaron al extranjero. Por otro lado los amigos del procés están haciendo planes porque presuponen que ganaran las elecciones. Los otros, los constitucionalistas, planteándose el futuro de Cataluña y repartiéndose el pastel.

Y un sector importante del electorado, ante todo esto, está completamente desconcertado. No sabe qué hacer o qué pensar. La situación que estamos viviendo es muy complicada. Es la primera vez en la historia que Cataluña –y por derivada España- se enfrenta a una incertidumbre similar.

Tenemos toda una serie de candidatos que se presentan a unas elecciones. Esto es como siempre. La diferencia radica que, en breve, los principales responsables del procés serán juzgados. Lo serán por los cargos que se les imputó, deberán volver a la cárcel y cumplir la sentencia que les imponga la justicia. Ante ese escenario tendremos una entrada de nuevos personajes políticos y un cambio de estructuras.

Por otra parte los dos cabezas de lista de ERC y JpC pueden no revalidar los mismos resultados que en 2015 y, de conseguirlos, deberán renunciar a él después del juicio. La situación de Puigdemont es diferente. Es un prófugo de la justicia a día de hoy. A las causas específicas de todos los ex consellers se añade la de haberse marchado al extranjero. Y lo mismo ocurre con los que están con él. Todos ellos, en el momento de traspasar la frontera española serán detenidos y encarcelados. No importa si se ha producido o no el juicio por las causas del procés. Serán encarcelados por ser prófugos de la justicia española.

La verdad es que la situación es compleja. A ella tenemos que unir el hecho de que existía la posibilidad –y aún está encima de la mesa por lo que respecta a los prófugos- que tomen posesión de sus escaños escoltados por la policía y que los devuelvan a la cárcel. Esto ya pasó hace unos años en el País Vasco. Todo está inventado.

Ante un panorama tan abierto lo más importante para el futuro de Cataluña es la estabilidad. Tanto política como social. Y ante esta amalgama de temas raros, complicados, inexplicables, incomprensibles, lo más fácil es no votar. Aquella famosa frase: “ya se lo harán”. También hay otra: “eso es cosa de políticos”. Y no es verdad. Es cosa de todos. En esta ocasión no se puede pensar así porque es muy perjudicial para el futuro político y social de Cataluña.

El peligro recae en el hecho que haya una desidia por parte de la gente a la hora de ir a votar. Está claro que los amigos del procés irán a votar. Aquí puede bailar si será igual o inferior a las elecciones de 2015. Es muy difícil –por no decir imposible- que sea superior. En 2015 estaban en plena euforia y tenían todos los ases en la mano. Con el paso de los días y los meses han empezado a explotarles diferentes petardos. Esto significa que ha habido decepciones y que el tope ha bajado. Y más puede bajar teniendo en cuenta esta incertidumbre que hemos comentado. Dicho de otra manera, si en 2015 no pudieron movilizar a más gente, difícilmente lo harán en esta ocasión.

La cuestión es movilizar a la gente para el 21-D. Porque si gracias al 155 se ha desactivado el procés, el remate definitivo será darle la vuelta al resultado electoral y que el constitucionalismo gobierne Cataluña. Con ello conseguiremos recuperar un status quo perdido desde que Artur Mas pensó que una DUI lo salvaría del 3%. Y lo único que ha conseguido es complicarle la vida a los catalanes.

César Alcalá

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