Jaque mate y game over

octubre 30 22:32 2017 Print This Article

César Alcalá

Le podemos llamar leyenda urbana o no. Lo cierto es que se rodó una película en blanco y negro al respecto relacionada con el tema. Parece ser que Alexander Alekhine retó a Dios a una partida de ajedrez, al pensarse superior a él. No importa el nombre del ajedrecista. La realidad es que durante estos últimos tiempos Puigdemont ha hecho lo mismo: ha retado a Dios. Y, al final, el mortal presidente de la Generalitat de Cataluña recibió un jaque mate de un estadista. La partida, como no podía ser de otra manera, no acabó en tablas.

Si el viernes 20 de octubre y el sábado siguiente mariano Rajoy provocó tres movimientos indispensables para llegar al jaque, el pasado viernes remató la partida con un mate que dejó fuera de juego a propios y a extraños. Lo normal era la intervención de la Generalitat; la destitución de Puigdemont y todo el Govern, la destitución de las personas de confianza; la intervención de las consellerías y la intervención de los medios de comunicación. Esto era, sobre el papel lo que muchos querían. Es más, todo esto estaba meridianamente pactado con PSOE y Cs. Incluso se llegó a decir que la aplicación del 155 no comportaría unas elecciones a corto plazo. El mismo Rajoy lo dijo el sábado. Había la posibilidad de pedirle al Senado una prórroga. Algunos apuntaban a 1 o 2 años y los menos un poco más allá de los seis meses.

La realidad es tozuda y el viernes 27 de octubre nos dimos cuenta de ello. Mientras unos se tiraron al monte, a pesar de todas las advertencias, proclamando algo que nombraron como “república” aunque sabían que nunca se llegaría a cabo y que no existían apoyos internacionales para sostenerla, otros actuaban como estadistas. Mientras Junqueras y Puigdemont no se dirigían la palabra porque el segundo había traicionado al primero, los constitucionalistas se deban la mano y interactuaban para solucionar el problema. Mientras uno quiso hacer un segundo pacto del Majestic sin tener ni idea de lo que pedía, los otros tenían como objetivo liberar a la sociedad catalana de una presión carente de sentido. Mientras a unos les gusta vivir en el caos, otros decidieron que Cataluña debía recuperar el seny.

Y, si bien es cierto que hubo destituciones -no hacerlo hubiera sido una temeridad- la situación no se fue de madre. Era necesaria un intervención, pero con garantías. Y la única garantía que hay en democracia es la convocatoria de elecciones. No hay nada más. Aquella democracia que reclamaban los partidos aliados con el procés, aquel autogobierno que tanto aclaman, aquel poder decidir su futuro, se lo dio Rajoy en una sola frase. Cesar el Parlament y convocar elecciones para el 21 de diciembre. Tan fácil y tan complicado para algunos. No querían democracia, pues Rajoy les dio una lección de democracia. Todos aquellos que habían postulado por una vuelta al franquismo, por represión, por falta de libertades, por un colapso social… se callaron de golpe y se quedaron sin argumentos. Por mucho que estos lo intenten la sociedad española del 2017 en nada se parece a la que vivió el franquismo. Y todos aquellos que han resucitado al dictador en los últimos tiempos se han dado de bruces contra una pared muy grande llamada democracia. Y es que formamos parte de la Unión Europea. Estamos vigilados por ella y las últimas actuaciones han sido respaldadas por todos. Y cuando digo todos es eso. Por lo tanto, aquellas voces discrepantes que han tildado a nuestro país como un estado dictatorial mejor se callen para siempre, pues se les ha dado razones para reflexionar y pedir perdón.

Y ahora, ¿qué? Todo seguirá su curso normal y democrático. El gobierno intervendrá y recuperará el estado en Cataluña. Esta recuperación será silenciosa, no traumática, y restablecedora del status quo. La jugada de Rajoy al aplicar el 155 ha sido una obra maestra. Los independentistas catalanes han hecho aflorar a un estadista. Pero la empresa no es sencilla. Todo el prestigio que gano el viernes 27 de octubre lo puede perder en menos de 50 días. Antes sí hay un gran trabajo. En primer lugar restablecer el estado de derecho en Cataluña. Se debe volver a la Constitución y al Estatut. Ha de preparar las instituciones para el nuevo desafío institucional que saldrá de unas urnas el 21 de diciembre. Aquellos que han actuado en contra de la ley deben ser penados por ello. Esta no es una tarea que dependa de Rajoy, pero si del fiscal general del estado. Se ha de volver a la normalidad.

Pero por encima de todo Rajoy y los partidos constitucionalistas tienen un gran reto. Ahora saben que existe una mayoría llamada silenciosa. Ahora saben que hay mucha más gente en Cataluña que no quiere la independencia. Ahora saben que si se movilizan pueden sacar 1 millón de personas a la calle. Ahora los partidos constitucionalistas no los deben dejar solos. No los tienen que olvidar. Tienen la obligación de cuidarlos y pedirles que el 21 de diciembre vayan a votar porque su voto no es sólo necesario, es imprescindible.

Ha habido un cambio en la sociedad catalana y los partidos constitucionalistas deben leer muy bien este cambio. Ya no valen más errores. Fallaron y el pueblo se lo perdonó y los apoyó. El pueblo no es rencoroso, pero no van a permitir ni un fallo más. Son tiempos nuevos sociales y políticos. Tenemos una gran oportunidad. Seamos inteligentes y aprovechémosla porque hemos vivido demasiados años bajo el yugo de unos pocos. Ya no es tiempo de silencios. Unámonos todos para construir el futuro que todos deseamos para nuestros hijos y nietos. Rebelémonos juntos contra los golpistas y digamos no a quimeras imposibles. Entre todos lo conseguiremos.

Cesar Alcalá

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