Habemus República

octubre 27 06:41 2017 Print This Article

José Manuel Gómez

Aquel anterior rostro juvenil, -de gesto y mirada alegre,- se notaba ahora un tanto marchito,  no solo por la movidita noche en vela, debatiendo la grave crisis existencial con su Gabinete, -rodeado de sus pretorianos-, sino también, por toda la loca actividad de estos últimos meses. No era para menos, la tensión profesional que portaba a sus espaldas, era más cruel y pesada que la del mismo Atlas, intentando subir su nonata patria por la ladera de esa montaña esquiva que representaba el pétreo y sólido “statu quo”, el cual, le iba poniendo mil y un obstáculos; fruto supuestamente, de las malas artes del Estado opresor que como él bien repetía,  no admitía una democracia plena  propia del S.XXI.;  directa como él interpretaba, – tipo soviet-, y no  la meramente representativa indirecta que rezaba en la CE., y que sorpresivamente desde Sièges, era lo habitual en la generalidad de las democracias modernas.; y que además, consideraba que  obstacularizaba una plena libertad de expresión, por unos supuestos limítes y limitaciones  que obligatoriamente deberían ponderearse frente a otros también derechos fundamentales existentes.

Su rostro ovalado, muy íbero y sureño, era diametralmente opuesto al  cuadriculado de su predecesor, más tendente a tipo ario y burgués;  personaje éste, que lo había elegido a dedo para burlar su propia censura ante los revoltosos cuperos. Él era consciente de su clara accidentalidad en tal máximo y digno cargo, que no se correspondía precisamente con su curriculum. Aún así, entendía que lejos de ser un honor de la diosa  fortuna, ello, se estaba convertido en una auténtica pesadilla. ERC., de forma estratégica, le había retirado de súbito su apoyo, – nada anormal bajo el Sol,  se decía-, pues ese partido, intentando superar la misma peste del medievo, ya llevaba en sus espaldas el R.I.P de los partidos precedentes, que ingenuamente creyeron y pactaron con ellos en el Tripartito (  PSC, Els Verds), y posteriormente, la misma desdichada suerte corrió CiU; con lo cual, su actual PdCat, sería una nueva víctima de una traición anunciada en definitiva, -se decía para sus adentros-. En realidad lo que más le dolía, era la traición de sus propios Consellers de partido, con la ruin vil excusa, que no estarían dispuestos a jugarse su patimonuio y hacienda, cuando no la propia libertad , y todo ello, por unos simples sueños románticos irrealizables, como ya se encargo de dejarles bien claro el poder financiero y empresarial, los tribunales, la U.E, y la generalidad de líderes del mundo. Él interpretaba, que esos Consellers, no estaban llamados para la gloria, -valientes cobardes se decía -, pues el mundo, no lo modificaban los cuerdos y si los locos románticos soñadores. Eso sí, hasta abandonar el barco, esos valientes, comieron sólido de lo que ahora llaman etéreos sueños.

El últimamtum del 155, la verdadera magna máquina del Estado de derecho que él no admitíría nunca,  estaba encima  de todos ellos de una forma extraordinariamente lenta, pero a la vez, inexorable. Su tiempo se agotaba;  tenía que meditar, y de poco le ayudaban los vocerios de las masas enardecidas y furiosas que venian de la plaza, que lo acusaban de traïdor, por lo que necesariamente tenía que hacer algo; una jugada maestra a la altura de un verdadero estratega, una pócima magistral, que permitiese convirtir una certera derrota, en una clara victoría, por efímera que esta fuese, pues en caso contrario, intuía que él iba a ser  posiblemente el escarnio y la carnaza mayor de toda esa gente a la que previa y alegremente, les había prometido sueños y gloría a raudales, epopeya en suma; y de la otra, mayoritaria,  de la que había prescindido,condenándolos al silencio.

Para meditar, sabía tenía que aislarse; así que decidió contra viento y marea, -con las unánimes quejas de sus subalternos- encerrarse en su despacho, dando la tajante orden que nada ni nadie le molestara,- incluso aunque el norcoreano tirase la bomba H-, le era indiferente, hasta  hizo un leve sonrisa el pensar que si tal hecho realmente aconteciera, dentro del desastre,  no dejaría de ser una relativa fortuna, que al menos podría solventar su propio cuestionado honor, que es de lo que verdaderamente se trataba, pues no en vano, estaba en juego su imagen para la Historia. Cualquier solución sería valida, todas, menos pasar a los anales como un auténtico circense.

Así, con evidente cansancio, se desplomó en su sofá preferido; mandó por interfono,  suspender por dos veces sucesivas la declaración institucional programada, pues debía ganar tiempo, y lograr al menos una plena, o mínima garantia de que Madrid no aplicaría la intervención a la Comunidad Autónoma, puesto que en caso contrario, todo el esfuerzo de aquellos años, no hubiese servido sencillamente para nada, con el agravante añadido de que empezarian a abrir indiscretamente los cajones de las cuentas. Era mucho lo que estaba en juego, y sólo le quedaba la ultima carta, plantarse y no ceder en la celebración de nuevas elecciones y disolución del Parlament previamente acordado son su Gabinete. Era una cuestión vital y existencial, que su nación no fuera intervenida y humillada, puesto, que ello, de acontecer, además de traïdor, le llamarían vendido, cobarde, “hombre sin palabra”en suma, como el lindo Don Diego; y la palabra para él, era precisamente su mayor sólido patrimonio;  no ociosamente, tenía fama de ello, por lo que no estaba dispuesto a dilapidarlo alegremente sin presentar batalla. Qué sus propios Consellers, fuesen indignos, lo entendía, pero que él mismo renegase de su eterna y reiterada promesa, cómo capitan del barco a la deriva, frente a dos millones de electores, ahora reconvertidos en sus censores una vez visto frustados en sus legítimos sueños, ni hablar. Prefería prisión y dura mazmorra, pues  en el peor de los casos, sabía que a bien seguro, no pasaría allá más de tres años, puesto que era, lo que le impusieran al último militar golpista, quien a punta de pistola entró el Congreso, mientras lo suyo, a lo sumo, era mera lengua, ingenio, genio y saliva, camuflada en la infinita libertad de expresión y democracia de la que todo cristiano, podía alegremente amamantarse, y ello, aún pagando con verdaderas traperas puñaladas. Además, todo ello, entendía que se produjo en una escrupulosa  buena fe, que aún en caso de alguna omisión del tipo penal aplicable, dicha actividad, se habría realizado desde un mero Parlamento autonómico, nada tan grave en definitiva para una verdadera democracia moderna.

Su mirada perdida, terminó por  centrarse obsesivamente en la ventana del balcón, -donde en su parte superior estaba el símbolo curiosamente de la muerte de la injusticia,- era San Jorge, matando al dragón, pero que paradójicamente,, tenía la fama de “maldito”, pues todos sus predecesores, caballeros como él, que pretendieron a su vez la cruzada contra el gigante, habían terminado cadáveres, fuese física, o políticamente.

Sopesó los pros y contras del honor cuestionado, optando por que no le tocaran “ni un ápice” como diría el mismo Calderón de la Barca; pues sólo el necio, confunde, valor y precio; así que resuelto, mandó llamar a sus aún cinco últimos valientes fieles, a los que les dió la opción de participar en la grandeza que había resuelto ante esa falta de contestación y mínima consideración de Madrid, quienes le decían que ya no servía como interlocutor y menos, representaba la generalidad de la población catalana. Por todo ello, exactamente a las cinco de la tarde, la que era la clásica hora de la “corrida”,   ahora si, y sin más burladeros, ni otra cortina de humo,  muy a la española, -pues no por casualidad, tenía verdadera genética andaluza-, mandó al asistente, que abriera la puerta del balcón. Luego muy tranquilamente, con la flema que le caracterizaba, se colocó la chaqueta a modo de inconsciente capeada, se apretó la corbata, levantó la cabeza, y peinándose con los dedos para atrás el cabello, junto con sus otros cinco Consellers, cruzaron solemnes la puerta del balcón ante la mirada atónita del pueblo que abarrotaba la plaza, mútitud que enmudeció de golpe de su ya harta y cansina estrofa de  gritos de traidores, y que cambiando radicamente de tercio, empezaron ahora a alabarle al grito de “torero, torero”., el espetó: Dit y fet,  cumpleixo la meva paraula. Ciutadans, “ha arribat la nova República”, “Visca la República catalana”.

La Historia, una vez más se había repetido, y la caja de Pandora se volvía a esparramar. Ante nuestros ojos, empezaba el nuevo y a la vez eterno ruedo ibérico, pues su atracción  fatal, era inmensamente superior al previo destierro en que sólo de forma política y simbólica, habían forzado al astado. No por nada, dicha región, formaba parte de la Iberia, con sus mezcolanzas ancestrales de sus orgullosas gentes.

Ya tiempo después, en su forzado e involuntario retiro, cayó en la cuenta de la auténtica razón de la fatídica maldición histórica del balcón, y que no era otra, en no haber reparado ni él, ni sus también valientes predecesores , que Sant Jordi, había sido previamente ya el patrón de Inglaterra, y donde su escudo de armas, al más puro estilo artúrico, rezaba, algo de lo que carecía su causa: “ Dios y mi derecho”.

José Manuel Gómez

Abogado

  Article "tagged" as:
  Categories:
write a comment

0 Comments

No Comments Yet!

You can be the one to start a conversation.

Add a Comment

Your data will be safe! Your e-mail address will not be published. Also other data will not be shared with third person.
All fields are required.