Cataluña, el país de nunca jamás

octubre 05 06:51 2017 Print This Article

César Alcalá

Los que tenemos cierta edad recordamos lo que pasó hace años en el Ulster. Lo del martes, con barricadas en las carreteras y lo del domingo, no deja de ser un sucedáneo de lo que pasó ahí durante años. Recordemos que el problema de Irlanda del Norte era religioso y político. Los protestantes querían seguir en el Reino Unido y los católicos deseaban una república independiente del Reino Unido. Al final todo desencadenó en una mesa de negociaciones. Hubo muertos inocentes y víctimas inocentes. Y cuando todo terminó se olvidaron los muertos, trabajaron juntos y se integraron en el Reino Unido.

Algunos quieren que pase esto en Cataluña. Y la historia es muy diferente. El problema de Cataluña no es religioso. El problema de Cataluña no es político. El problema de Cataluña no es racial. El problema de Cataluña es de prevaricación, cohecho, malversación y corrupción. Esta es la realidad.

A lo largo de la historia ha habido intentos de separatismo. En el 1713 se intentó crear una república bajo los auspicios del Sacro Imperio Romano Germánico; en el siglo XIX quisieran hacer algún movimiento; Macià y Companys declararon el Estat Català dentro de la República española. En aquellos momentos fue un intento de huir hacia adelante. Sabían que no saldría adelante. Era una excusa para prolongar o mantener una ideología perdida desde un buen principio. Actualmente Puigdemont se ha venido arriba y quiere la independencia a lo grande, saliéndose de España y estableciéndose en el país de Nunca Jamás.

El problema de Cataluña o de sus dirigentes es que se han de hacer mayores. Las huidas hacia adelante son de cobardes. Son cobardes por no querer afrontar que han robado y que han vivido muy bien. Son cobardes porque efectivamente tienen dinero en Andorra y otros paraísos fiscales. Son cobardes porque se encontraron las arcas vacías y no supieron remontar la crisis. Son cobardes porque son mentirosos y han traicionado a los catalanes. Son cobardes por haber llevado al extremo una situación social innecesaria. En definitiva, Cataluña ha tenido y tiene políticos cobardes.

El futuro es incierto. Se habla de muchas cosas y se pueden decir muchas más. La realidad está en las calles y, mientras estén en las calles, la situación es complicada. Lo que deben hacer los políticos, todos, y los sindicatos y plataformas sociales y antisistemas es calmar la calle. Si no se tranquiliza esta parte importante de la sociedad, no se podrá hacer nada.

Una vez tranquilizada la calle -una utopía porque los antisistema están buscando esto- es plantear lo que se quiere conseguir. Posiblemente la situación actual está caducada después de cuarenta años. Quizás debamos reflexionar y cambiar partes de la estructura legal del país. Quizás se tienen que reformar ciertas cosas. Quizás muchas cosas .Ahora bien, todo esto ha de ser posible gracias a la negociación de ambas partes.

Lo que no se puede permitir es que alguien proclame el Estat Català, que los pastorcillos se vengan arriba y que la felicidad acabe en drama. Porque acabará en drama al no saber lo que quieren ser de mayores. Después de la proclamación de la independencia o de la transitoriedad hasta llegar a ella -según la ley aprobada y cancelada- alguien tiene que explicar a los catalanes qué pasará. Porque es muy bonito todo, pero, mañana ¿cómo viviremos? Y esto no lo han explicado.

Lo fácil es esperar a que Puigdemont proclame el DUI. Lo fácil es aplicar el 155. Lo fácil es que el PSOE no lo acepte. Lo fácil es que se suspenda el Congreso. Lo fácil es convocar elecciones generales. Lo fácil es llevar o no a la cárcel a las personas que nos han llevado hasta aquí. Lo fácil es revocar la autonomía. Lo fácil es convocar elecciones autonómicas.

Lo difícil es apaciguar lo que está organizado hasta el momento actual. La movilización callejera no se acabará con unas elecciones. Al contrario, porque si vuelven a ganar ellos, ya la tendremos de nuevo armada. Es la historia interminable. Y no queremos ni deseamos una nueva historia interminable dentro de unos meses. La queremos ahora. Por eso, los que pueden y tiene capacidad para decidir y hablar, háganlo en nombre de miles de catalanes que nos sentimos catalanes y españoles. Porque, como dice el título, los catalanes de bien, no queremos vivir en el país de Nunca Jamás, pues sabemos qué queremos ser de mayores.

César Alcalá

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