Necesitamos una Cataluña fuerte

agosto 07 06:45 2017 Print This Article

César Alcalá

Cuentan las lenguas de doble filo, como diría Rafael de León, que al ganar las elecciones Felipe González en 1982, algún iluminado se vino a arriba y comentó de ir a quemar iglesias. Por suerte el juico se impuso y no pasó nada. ¿Por qué digo esto? Estos últimos días se han oído demasiados comentarios al respecto. Desde el enfrentamiento con la Guardia Civil en Barcelona, los ataques de kale borroka en diferentes puntos de los llamados Països Catalans, y un estado de exaltación disperso. Algunos han comparado todo esto a los hechos que se vivieron en España después de las elecciones de febrero del 1936.

La verdad es que en nada se parece. Las connotaciones históricas, sociales y económicas son muy diferentes. A nivel histórico la guerra civil es la conclusión de una serie de enfrentamientos civiles que se iniciaron en 1833. Una guerra civil no nace esporádicamente. Y la del 1936 llevaba años fraguándose. Tampoco la situación económica catalana nos hace pensar que la gente esté dispuesta a perderlo todo por una ideología. Y cuando digo perderlo todo es todo. Los que se levantaron en julio de 1936 no tenían nada. Hoy muchos tiene casa, coche, segunda residencia, vida acomodada… ¿Creen que estarán dispuestos a perderlo? Socialmente pueden salirse a manifestar. Pueden hacer V, Z, J o lo que les dé la gana, pero se vuelven a sus casas. El nivel de compromiso social es voluble. Depende de muchos factores y los principales artífices de dichos movimientos son los primeros en dar un paso atrás si la cosa se complica.

Y lo más importante. La izquierda no está sedienta de venganza ni de sangre. Esos tiempos han pasado. Es cierto que puede haber confrontación entre izquierda y derecha, pero a nivel político y no social. La sociedad española ha madurado lo suficiente para que cosas así no ocurran. Aquellos que no vean o no se den cuenta que vivimos en un país maduro y democrático tienen que reconvertir su visión de España. Desde 1975 hemos madurado como sociedad y también políticamente. Hay confrontaciones, pero estas son lógicas y normales.

Lo que uno no puede hacer es comparar el pasado con el presente. Aquello pasó y difícilmente se volverá a producir. Cataluña y España superaron la guerra civil. A pesar de que algunos les guste rememorar viejas batallitas y estén todo el día con la ley de memoria histórica, la sociedad tiene muy olvidado este tema. A la sociedad le interesa o le importa llegar a final de mes, mantener su status social y vivir la vida. Esto se pone de manifiesto en las encuestas. Cada vez hay menos independentistas. ¿Por qué? En su momento les vendieron que en una Cataluña separada de España se viviría mejor. Eran tiempos complicados económicamente y se lo creyeron. Cuando la economía ha evolucionado y la sociedad con ella, se han dado cuenta que tampoco se vive tan mal en España. Y el experimento independentista puede estar bien, pero no tienen ganas de complicarse la vida. Dicho de otra manera, más vale malo conocido que bueno por conocer.

Lo mismo pasa con la izquierda y con sus ganas sedientes de sangre. Esto ha pasado a la historia. En el fondo todos luchamos por y para lo mismo. Con pensamientos y discursos quizás diferentes, pero cercanos en ideas y alejados en ideologías. La derecha y la izquierda tiene una cosa común que los une: el bienestar. Este se puede ver de mil y una maneras, se puede llegar a él de muchos modos, pero al final siempre acaba llamándose bienestar.

Por eso, a día de hoy, no estamos viviendo un dejà vu de lo que ocurrió en 1936. Al contrario. Este proceso que vivimos y soportamos en Cataluña la única consecuencia que tendrá es un choque de tren. El que impulsaron los independentistas, en una vía muerta, y que supondrá una reorganización política del Parlament.

Cataluña ha sufrido durante los últimos cinco años un movimiento político, alejado de la población, con el pretexto de salvar los muebles de un partido inmerso en la corrupción. Le han querido salvar los muebles a CDC y a sus dirigentes. La Cataluña que surja el 2 de octubre no tiene que dejar pasar una a sus políticos. No puede ponerse a disposición de la voluntad de unos pocos. Ha de luchar para ser lo que siempre ha sido: economía y motor. Basta de engaños y basta de mentiras. Necesitamos una Cataluña fuerte, dentro de España, para guiar la economía del siglo XXI. Todo lo demás es estéril y no servirá de nada.

César Alcalá

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