Reglas para ser un buen independentista

julio 24 06:35 2017 Print This Article

César Alcalá

Cuando se inició el proceso independentista, mejor dicho, ese ficticio proceso para tapar la corrupción de CDC y la inutilidad de Artur Mas como político, las cosas eran muy fáciles. Todos se aferraron a un eslogan: España nos roba. Ahora bien, cuando se empezaron a saber ciertas cosas económicas internas y externas, el eslogan se vino abajo o entró en desuso. Por eso las mentes pensantes del procés establecieron un decálogo de comportamientos, frases y hechos que sirvieran para sustituir el citado eslogan. Este decálogo es tan insustancial como el otro, sin embargo no paran de repetirlo los pastorcillos y los patriotas. Y, como el otro, ya cansa.

Empieza con un tema recurrente: democracia. Ahora todo se basa en la democracia, ellos la han descubierto, y no hay nadie más demócrata que ellos. Todo lo que no pase por su pensamiento único no es demócrata. Este mantra es cansino. En cualquier comentario colocan éste término. No se les deja hacer el referéndum porque España no tiene claro el concepto de la democracia. No porque este sea ilegal. Sino porque de ser demócratas los españoles les dejarían votar. Es una falacia y un mantra que ya no se cree nadie. El problema es que de tanto desvirtuar la palabra democracia ha perdido el sentido. Cuando alguien habla de democracia lo miramos mal. Y no tendría que ser así. Ellos son lo más anti demócrata que existe. Por eso exigen un referéndum ilegal y, por eso, han tomado como suya esta palabra, para protegerse. Es una norma muy habitual del ser humano utilizar hasta la saciedad un término con el cual no se está de acuerdo. Por ejemplo: “soy muy liberal”; “soy muy demócrata”; “no soy xenófobo”; “no soy racista”… cuando uno se tiene que justificar significa que es todo lo contrario.

A continuación uno debe posicionarse geográficamente. Si se está dispuesto a organizar un referéndum para salir de España, lógicamente ese país no se puede nombrar tal cual. Les sale urticaria pronunciar la palabra España. De ahí la variante: estado español. Cualquier pastorcillo o patriota consolidad nunca dirá la palabra España. Como los vascos siempre dicen el rey de España, pero no el suyo. Lo mismo están empezando a hacer los referenditos. Decir España les condena, decir estado español los ennoblece. El problema es que están equivocados. Por suerte –desgracia para ellos- viven en una Comunidad Autónoma que forma parte de España. Por mucho que quieran cambiar la geografía, la realidad se impone inexorablemente.

También uno debe sentirse oprimido. Particularmente por el estado español. Sino no se es un buen pastorcillo o patriota. Decir que llevamos siglos oprimidos da empaque. Es un motivo de satisfacción para ellos. Desde Felipe V Cataluña ha estado oprimida. Y, la verdad, uno lee la historia y encuentra ejemplos muy claros de opresión. Sin embargo, ninguno de ellos están o han estado en Cataluña. Es otra falacia de los pastorcillos. No existe opresión. Si la hubo en tiempos dictatoriales fue a nivel general, no en particular. Pero, claro, difícilmente podrían vender su historia sin la lacra de la opresión. Esta losa los está destruyendo como pueblo. Algunos aún ríen.

Últimamente se ha puesto de moda un nuevo mantra que pretende justificar todo aquello malo que se está haciendo. Dicho de otra manera, Cataluña es un pueblo libre pero está oprimida por unos políticos que mantienen los postulados franquistas. Por eso no hay libertad en España. Esta es la mayor idiotez del independentismo. Sacan a pasear cada cierto día la imagen de Franco. Cuando la mayoría de los españoles ya han superado la dictadura –y algunos nunca la vivieron- ellos siguen ere que ere con el personaje. Alguien que hace 40 años que falleció. Y lo bueno del caso es que todos estos pastorcillos y patriotas que ahora sacan a pasear a Franco, le hacían la pelota durante la dictadura. Los hijos de la burguesía catalana –los que ahora forman parte del PDECat- vivieron muy bien durante el régimen. Cataluña o las clases adineradas se alinearon al lado de él para sacar beneficios. Muchas son las familias catalanas que se enriquecieron con Franco. Y muchos miembros de esas familias hoy en día están en el govern o militan en partidos independentistas. Deben estar avergonzados por lo que hicieron sus antepasados. Ahora bien, veranear en la Cerdaña o en la Costa Brava no han dejado de hacerlo. Vivir en las zonas altas de la ciudad o mantener un nivel de vida alto no lo han descartado. Pero, a pesar de todo, Franco fue muy malo. Debió ser malo para otros, pues para los bolsillos de sus antepasados no sólo fue bueno, sino que muy bueno.

Y por último uno debe apuntarse al victimismo. Si años atrás era el España nos roba, ahora que no pudieron estudiar en catalán, que tienen limitada su libertad, que viven oprimidos, que… Tengamos en cuenta, como ejemplo, al hablar del catalán una cosa. Hasta no hace muchos años la burguesía catalana –los de la pela- hablaban en sus casas en castellano “porque hacía fino”. Hasta no hace mucho Mas lo hacía. Y podemos incluir a Alavedra y tantos otros miembros de una clase social que dejaban para el vulgo la práctica del catalán, mientras ellos más finos y cultos hablaban castellano. Esto no lo explican, pero ocurría así. Hoy las cosas para ellos han cambiado –o no porque siguen con los mismos hábitos- e incluyen el término victimismo para poder excusarse. El pastorcillo o patriota que no anteponga el victimismo a cualquier otra prebenda no es un buen independentista.

Como vemos todos estos personajillos –ninguno de ellos formaría parte de los homenots de Pla- se han inventado una serie de mantras para justificar lo injustificable. Como se dice en catalán: “se’ls hi veu el llautó”. Los tenemos calados y no se dan cuenta.

César Alcalá

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