El procés endegenerando

Abril 29 08:01 2017 Print This Article

César Alcalá

Uno banderillero de Juan Belmonte fue nombrado gobernador civil de Sevilla. Al Maestro se le preguntó: Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero de Belmonte a gobernador? A lo que Belmonte respondió: Mu faci, endegenerando.

Esta anécdota se puede aplicar al procés. En la situación en la cual estamos se ha llegado endegenerando. También le podríamos aplicar al procés la entropía. Es decir, todo estado está condenado a perecer desde el mismo momento de su fundación. O, dicho de otra manera, la entropía es el grado de desorden que tiene un sistema. Y esto lo vamos viendo día a día.

La degeneración la hemos visto durante muchos meses con el conceller de exteriores. Si bien es cierto que, al ser preguntado Jordi Pujol sobre sus buenos contactos con España, siempre contestaba que era política exterior, el conceller Romeva hace más el ridículo que otra cosa y deja bastante polvo y muy poco brillo. Lo mismo le pasó a Mas en Harward. Y el ridículo en grado superlativo lo ha protagonizado Puigdemont en su gira norteamericana. A parte de mentir a miles de catalanes, se vanagloria de tener de su parte a personalidades importantes de la política estadounidense y al ex presidente Carter.

Lo peor que te puede pasar es que te desmientan. La guinda es que la embajada estadounidense y la Fundación Carter, a la misma hora y el mismo día, te digan a la cara: señor Puigdemont aceptamos que mienta a sus conciudadanos, pero no al mundo entero. Puigdemont y el nacionalismo se han quedado solos ante el peligro. La verdad es que nunca han estado demasiado acompañados –a pesar del espacio que cada viernes emite el canal televisivo de El Punt–Avui presentándonos personajes de segunda o tercera que apoyan el procés- y ahora la soledad se ha hecho estatua de sal.

El gran problema –que se está empezando a percibir- es que ya no hay unidad dentro del Govern, sino una bipolaridad en el pensamiento -hasta ahora- único. Ya no existe aquel núcleo duro e inamovible. Ahora unos dudan de los otros y se está perdiendo la confianza, si es que alguna vez la hubo. En su tiempo dijo Alfonso Guerra “el que se mueva no sale en la foto”. Pues bien, hay bastantes que empiezan a no querer salir. Que se hacen los locos. Las inhabilitaciones han hecho más daño de lo que uno puede pensar. Muchos de ellos se hacen los chulos, pero ninguno de ellos quieren ser inhabilitado por convocar un referéndum que saben, y mejor que nadie, que es ilegal en el fondo y en la forma.

Ahora se están peleando sobre quién compra las urnas. Mañana se pelearan por saber quién compra las papeletas, quién las rellena, quién las distribuye, quién… Y, encima, quieren que los parados estén en las mesas electorales. Supongamos que el Gobierno central dice que los parados ahí colocados pierden la prestación. Ni las cucarachas tomaran parte de ese ilegal referéndum. Y es que con las cosas de comer no se juega.

Y lo que más les duele no es el hecho del referéndum. El problema es plantearle a la sociedad catalana que no se hará. Que han mentido durante cinco años. Que ya sabían lo que ocurrirían, pero por si colaba, siguieron con la mentira. Toda esta gente se puede revelar contra la política. Y no nos ha de extrañar. La incompetencia de una persona es perdonable. La mentira nunca. Y CDC-PDEcat y ERC han mentido premeditadamente a la sociedad civil catalana desde el mismo día que el iluminado de Artur Mas planteó algo para salvar no sólo a Jordi Pujol, sino al trapicheo llevado a cabo por CDC desde que este país es democrático.

Y no sólo lo dicen los Estados Unidos y la Fundación Carter. El presidente del Parlamento Europeo -máxima autoridad legislativa en lo que conocemos actualmente como Unión Europea- expresó un axioma digno de ser citado y recordado. Dijo Antonio Tajani: “Quien actúe contra la constitución de un estado miembro no será reconocido a nivel europeo”. Este axioma es inamovible a pesar de todo lo que se pueda decir.

Por eso es menester dejar de hacer el ridículo, dejar de endejenerar. Empezar a trabajar y a solucionar los problemas que les preocupan a los catalanes. Dejémonos de intangibles. El tema catalán es un problema interno de España. Esto se ha dicho por activa y por pasiva. Nadie los avalará. Que los políticos catalanes reconozcan su error, se dejen de milongas y vuelvan a levantar un país que se merece unos políticos mejor de los actuales. Endejenerar sólo nos ha llevado al caos. Como decía Tarradellas: “en política se puede hacer todo, menos el ridículo”. Pues eso.

César Alcalá

Historiador

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