Magno elogio de la locura

Abril 22 08:27 2017 Print This Article

José Manuel Gómez

Erasmo de Róterdam, escribió tal transcendental obra en los albores del S. XVI. Tal brillante idea, se le ocurrió en uno de sus viajes a la Inglaterra de su caro amigo Tomás Moro, a quien se la dedicó; autor  a su vez, de la no menos famosa obra “Utopía”; cuyo trágico final, fue resultado directo de mantener inalterables sus ideales y su fe, ahora diametralmente antagónicas a la del excomulgado, díscolo y polígamo Enrique VIII, rey que acabó sus días, no de gota de pura gula como era lo habitual en la realeza, y si de una mayúscula  sífilis, pues aún siendo monarca, no dejó por ello de ser esclavo del bello sexo, por lo que se podría convenir jocosamente, que los ingleses son esencial y mayoritariamente protestantes, por las reales partes de su majestad y su elevada testosterona ; institución que paradójicamente, logró también con ello, ceñirse la corona espiritual, como premio a este previo, digamos  “brexit de la sensualidad”.

Erasmo dijo haberla escrito, justo  en el plazo de siete días; uno más que el mismo Creador en el Génesis, por lo que a pesar de ser la suya, una creación lógicamente mucho más minúscula y modesta, – por su simple condición humana-, no dejaba por ello de ser un extraordinario hito laborioso e intelectual, más si somos conscientes de lo dificultoso que representa condensar y reflejar enciclopédicamente la estupidez humana en todas sus formas, amén de  la infinita consecuente hoguera de vanidades que ello generaba en el especial momento que le tocó vivir. Él sin quererlo, -pues sólo se limitaba a criticar al clero y los demás estamentos sociales-, representó el germen y fue el verdadero autor intelectual inconsciente de la misma “Reforma”, faro involuntario del mismo Lutero; joven clérigo con el que precisamente no comulgaba dado, el antagónico radicalismo que profesaba y del que hacia alarde.

Erasmo, lejos de querer romper el Sacro Imperio, pues temía muy especialmente los nacientes “nacionalismos” -ocultos incluso en la ideología religiosa alemana-,  y la segura consecuente reacción de la “razón de estado” de manos de Carlos V; intentaba evitar precisamente la traumática ruptura y el consecuente  río de sangre a la Cristiandad;  a lo sumo, sólo aspiraba a sanar al enfermo de sus múltiples males,- como lo hubiese hecho un cirujano seccionando un cáncer que amenazase corroer a la generalidad del cuerpo social-; empleando dentro de su vasto conocimiento como único bisturí, su ingeniosa, reflexiva y afilada pluma; valiéndose y amparándose al mismo tiempo, -a modo de escudo protector para evitar los lógicos posteriores previsibles fieros ataques a su persona-, de la más caprichosa del Olimpo, la diosa Fortuna y de su compañera, la locura, que irradiaba a todos sus fieles seguidores, que eran la inmensa mayoría social, fuesen tanto plebeyos, religiosos, nobles, mercaderes o auténticos príncipes.

 

 La suma locura, una vez analizada, probaba sin ningún género de dudas, que daba unos resultados de felicidad, tanto anímicos como  económicos, muy superiores que los resultantes de la triste, aburrida y deprimente sabiduría, la cual como apestada, pintaba al estilo de Virgilio, como la verdadera antesala de la muerte, fuente de toda pedantería,  egocentrismo y soberbia humana; razón principal entre otras, por la que los príncipes, acostumbraban a rodearse de cortes frívolas de múltiples juglares, trovadores, bufones y cortesanas; donde tampoco faltaban ministros y asesores, tan audaces como incompetentes e irreflexivos,  pero que a bien seguro todos  ellos, garantizaban una verdadera cascada de adrenalina tanto en alegría, intriga o lujuria. La cuerda locura en definitiva, que tampoco estaba necesitada de templo alguno, pues el mundo entero era su propio altar y morada, todo lo demás por decreto, se exiliaba,  condenándola al duro ostracismo.

 

Si hacemos un símil con “el mundo feliz” del novedoso y recién soberano instaurado estado republicano de Cataluña como auténtica posverdad sentimental  y “virtual”, que  dicen, representa un auténtico estado social, democrático de derecho – cual reza su primer artículo constitucional- aún no publicado, dado que la “publicidad” se desterró también por la mera “inseguridad jurídica” que representaba frente al observador “ matrix”, Estado opresor paralelo; nuevo régimen éste, ideado además por una ilustre, alta e eminente autoridad judicial como funcionario precisamente de ese anterior caduco régimen vigente que no era al parecer de “derecho” según otros refutados juristas placebos, pues corrompiéndose,- según ellos- llegó a aburguesarse, y terminó cansado y “sentado”; viendo además, sus últimos respetables y honorables Presidentes; así como sus no menos ilustres Señorías, representantes del claro y sagrado “mandato” otorgado por la generalidad del pueblo según  gracia, tanto divina, democrática, o humana de d´Hont, por cuya exclusiva e ingeniosa pócima – que no poseía ni el mismo Merlín como mayor druida que parieron los siglos-  se superó nada menos que el 52 % de advenedizos al nuevo régimen instaurado.

 

Observando además, sus variados  ministerios y elitistas embajadas; sus rotundos manifiestos lingüísticos como el de Koiné; su democrática  pluralidad política  y social de casi totalidad de los medios audiovisuales;  su no menos plural sistema educacional;  su  ejemplar respeto escrupuloso a las leyes, a los tribunales y a sus sentencias; su modelo intachable de conducta y de la clara política anticorrupción que hace gala la tan selecta élite, dando así ejemplo al no menos seleccionado soberano pueblo, – donde cada miembro fue elevado al grado de embajador para predicar la milagrosa buena nueva acontecida-;  el objetivo tratamiento histórico de mano de avezadas y auténticas autoridades versadas y especializadas estomacalmente en tal ardua materia; su ejemplar desconexión política, jurídica y emocional del anterior reino que los tenía tanto conquistados, secuestrados, humillados y robados  durante infinitas sucesivas generaciones, pues como el Lazarillo, los muy castizos les daban una uva, mientras ellos, como buenos canallas mercantilistas se zampaban cuando menos “tres”, ( otros incluso rumoreaban que hasta “cuatro”), amen que les confundían con meros cuentos hasta en las cuentas; y donde hasta cómo beneplácito divino,- al estilo del más puro nudo gordiano-  el propio Abad de Montserrat mostró clara y especial preferencia por lo terrenal, implicándose y discutiendo la soberanía al mismo hasta entonces previo soberano, excluyéndose así por activa y por pasiva del exclusivo ámbito celestial y de las cada vez más etéreas almas de su abadía, con el único, celoso y exclusivo fin de poder centrarse  en los también merecidos sueños terrenales. Viendo asimismo la adopción oficial in extremis por auténtico Auto de fe de ilustres figuras en principio antagónicas y adversas del anterior Imperio – El Cid Campeador, el propio Erasmo de Róterdam, Santa Teresa de Jesús, Cristóbal Colón, Servantes …….- las cuales embarcaron en la mismísima  Arca de Noé antes del cantado diluvio, para poner así definitivamente rumbo a la añorada Ítaca-  con clara suprema alegría de los perplejos maños en tal territorial despedida-,  quienes durante siglos, no sentían ni oteaban en el horizonte, ni la brisa ni la  playa de su usurpado y finalmente finiquitado reino. Nueva nación, aspirante a toda institución y organización internacional dados sus “tres” claros sólidos y vitales apoyos entre toda la Comunidad  internacional; país, donde también se excluyó  democráticamente con toda lógica a los traidores de la nueva patria, tanto fuesen estos muertos o vivos, pues pretendiendo  pretenciosamente razonar y dar lecciones magistrales al pueblo como si fueran auténticos sabios, buscaban en realidad – al estilo de Erasmo – aburrir con sus monsergas, fuesen estas éticas, históricas o de rancio derecho; amen de quedar probado por juicio democrático y sumarísimo, de que eran claros colaboradores del Imperio añejo del estado anterior que no era ni de lejos de derecho; por lo cual, procedía divorciarse si o si, pues muerto el amor, muerto el romance, más, si acorde a la teoría de la relatividad del tiempo, como decían, era solo de unos meros cuantos años de unión, fruto de los exclusivos lascivos amoríos de aquel lujurioso príncipe- que más valiera se la partiese un rayo– que erró sin ningún género de dudas  al ayuntarse con aquella lozana castellana, al parecer de buen ver y mejor catar, que más que de verdadera esposa ,hizo de auténtica mantis religiosa del reino del ingenuo aragonés; y cuyos vástagos, aún más hambrientos de territorios, casi llegaron a merendarse el mundo entero; reino anterior afortunadamente ahora virtualmente finiquitado que además, les hacía comulgar con una vetusta y rígida constitución, mandona de todos, donde un mero cambio, requería exigentemente convocar casi todo un concilio ecuménico al efecto, la cual, tampoco se dejaba ratificar democráticamente por los lógicos nasciturus posteriores; dama que altanera y obcecadamente,  se empeñaba en repetir como Séneca: “hazte mí esclavo, y serás libre”; quien  tenía hechizadas en dura mazmorra y sin libertad a nada menos que cuarenta y cuatro millones de ingenuas almas del vasto reino,- sin contar otro 24% de análogos avispados vascos-; Estado que  se caracterizaba indudablemente por un bajo nivel democrático, pues no pasaba del “notable pelado” internacional en cuanto a dar trasferencias competenciales, – pese a presumir  que superaba a varios estados incluso federales-,  y cuya previa censura en definitiva, no dejaba instaurar en propiedad la necesaria infinita libertad de expresión que no fuese precedida de límites y limitaciones de los otros derechos que también decía invocar, y menos dejaba a su Parlament asumir lo convenido y menos lo aún  sin convenir de su Estatuto; quien pretendía además osar juzgar a sus Señorías parlamentarias aforadas, haciéndoles comulgar con la legalidad más propia del vulgo al  obligarlos a ser procesados criminalmente; constitución que en definitiva era diametralmente opuesta a la legítima nueva democracia “directa” dada espontáneamente como nuevo mandato del ahora cualificado pueblo republicano del Sr. d´Hont y su Fuenteovejuna  consecuente.

 

Por todo lo expuesto,

 

AL SUFRIDO LECTOR PROCEDE: que sopesando todo lo aquí dicho y lo aún sin decir, puesto que no representaría ni un 20% de las geniales novedades a las que hemos tenido “la fortuna” de asistir anonadados todos los sufridos anteriores súbditos de ese reino ajeno, amén de la generalidad del mundo en estos sucesivos años de nueva iluminación; la última ocurrencia de las cuales, ha sido intentar lógicamente sancionar a los representantes de los partidos parlamentarios de la oposición, quienes con clara  “dejadez de funciones”, – alegando como vil excusa aquello del Romanones cuento-, se negaban en rotundo a sumarse a la participación en la reforma del Reglamento tendente a la ruptura exprés,  y superar así, el ahora ya también vetusto clásico referéndum por ende prohibido en palacio, donde además ingenua y osadamente querían partir también peras pueblos y soberanos extraños alegando no sé qué “vasos comunicantes”; tenga a bien DICTAMINAR, que se han superado con creces todas las expectativas y parámetros tanto lógicos jurídicos cómo humanos imaginables; proceso novedoso en el que se ha realizado una verdadera revolución en la misma ciencia jurídica, equivalente a lo que representó la misma transición económica y tecnológica del Neolítico y de la Revolución industrial juntas, superando a su vez la era actual de la Robótica, cibernética e informática, dejando huérfanos de razón y desenmascarados en consecuencia los hipócritas filósofos y juristas tanto de la antigüedad, los del medievo, los enciclopedistas, los del mundo contemporáneo y coetáneo; dejando también fósil el humano grial del “contrato social” de Rousseau; mutado y dado con ello, un giro copernicano al mismo “statu quo” vigente con esta simple “revolución de las sonrisas” como verdadera piedra de rosetta,  emulando así el estilo de la propia revolución de  los claveles de Portugal; permitiendo en definitiva, la por “todos” ansiada, lógica y procedente independencia, a la que con toda injusticia, ahora dicen los inquisidores y fachas constitucionalistas, de aplicarle una multa por exceso de velocidad simplemente por circular en contra dirección a 155 Km/hora., y no respetar consecuentemente las mínimas reglas de juego existentes, tanto internas, como las  internacionales del  todo orbe conocido; injusta penalización, que si no clama al cielo, si clamaría a la misma O.N.U., y a todo tratado internacional y regional de la U.E. en  lo referido a los derechos humanos pues, impedirían un merecido auténtico  utópico mundo feliz, más rico, más democrático y excluyente de la sinrazón incluyente; pretendiendo ampararse dichos involucionistas para dicha drástica coerción imperialista, en una simple y mera visión clásica del anciano régimen y de su consecuente elogio de la locura basada en esa vetusta y no ratificada constitución por los nuevos nasciturus no invitados a la  boda.

Finalmente, solo me resta felicitar al osado lector que hasta aquí haya llegado sin menoscabo alguno de sus cabales; pues en cuanto a este pobre autor, decirles que ya ha pedido hora con el loquero de turno, por aquello de: “si no les puedes, únete a ellos”. Así que no lo duden, pues no es el cuerdo y sí el loco, el que la mayoría de las veces transforma el mundo caduco de ideas, a través precisamente de  “la cuerda locura” dentro de éste gran teatro del mundo, a su vez mundo del teatro, que no deja de ser en realidad como Matrix, puro desafío a las leyes naturales a través de la  suprema  virtualidad que no podría ni superar las mil y una noches, con Alí Babá y con su bandera voladora, perdón,” alfombra”.

José Manuel Gómez

Abogado

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