El senyor Esteve y Unió

abril 11 06:35 2017 Print This Article

 

César Alcalá

En el año 1907 el escritor Santiago Rusiñol publicó su novela L’auca del señor Esteve. Un libro que tendría que ser de lectura obligatoria en las escuelas. En esta novela costumbrista Rusiñol plasma aquella esencia de la burguesía catalana del siglo XIX y que hoy, cien años después, aún son de uso obligatorio. El señor Esteve representa el seny, la mesura, el orden, la honradez, la puntualidad y la perseverancia. Era el prototipo de la menestralía catalana de toda la vida. Una forma de ser y de vivir que no ha caducado.

¿Por qué hablo del senyor Esteve? La idea surgió cuando la pasada semana supimos que Unió Democràtica de Catalunya había dejado de existir. Fundada en 1931 por Lluís Vila d’Abadal, Joan Baptista Roca Caball, Pau Romeva y Maurici Serrahima, era en su origen de la escisión de un grupo de carlistas, que consideraban que la tradición del catolicismo católico tenía que acercarse más a la tradición del catalanismo. Era la parte más fuerista de la política catalana a medio camino del tradicionalismo y de la Lliga.

La mentalidad que hemos planteado anteriormente del senyor Esteve queda representado en Unió. Siempre ha sido un partido vinculado a la menestralía catalana. Mesurado, de orden, perseverante, con seny, honrado –aunque tuvo algún problemilla con ciertos integrantes del partido-. Quizás este ha sido uno de los grandes problemas de Unió, su menestralía.

Dicho de otra manera, se solapó a Convergència. Vivía muy bien siendo el socio pequeño de un gran partido. Se desentendió de muchas cosas. De la financiación. De ir más allá. De ser por sí mismo. De saber lo que querían ser de mayores. Y esto me lo comentan más de un miembro de Unió. De aquellos regidores y militantes que vivieron momentos de esplendor, sin ser otra cosa que un satélite de Convergència.

Miembros de Unió reconocen que en su momento, en tiempos de Felipe González o José María Aznar, tenían que haber entrado en gobierno. Ser ministros. Como en su momento lo fue Cambó. Colaborar en el gobierno de España les hubiera ayudado a no ser un satélite de Convergència. El partido se merecía otra cosa. Pero, claro, aquella menestralía del senyor Esteve les impidió ser lo que se esperaba de ellos. Durán i Lleida ha sido el eterno ministro sin cartera. Sin que nadie contara con él y siempre esperando que alguno lo hiciera. Y uno no puede ser alguna cosa si antes no se ha postulado para serlo. Y esto le pasó a él. El deseo lo tenía por dentro, pero nunca dio un paso al frente. Y es una pena.

Algunos comentan que Durán ha actuado o actuó cobardemente. Unió vivió muy bien durante años porque le alquilaron un apartamento a Convergència y a descansar. Por eso no le hicieron caso a la deuda. Siempre estaba el jefe para pagar las facturas. Ahora bien, cuando las cosas se rompieron por culpa o a pesar del giro separatista de Convergència, las cosas cambiaron. Uno deja de vivir bien y se da cuenta que las facturas son caras y los ingresos escasos. Y más cuando se perdió representación en las instituciones. No sacar ningún representante en el Parlament o en el Congreso ha sido la muerte, la defunción de Unió.

Y es que, de haber hecho lo que decíamos, hoy en día sería un partido clave. Toda aquella menestralía catalana encabezada por el senyor Esteve no son ni nunca serán separatistas. Son como Cambó. Donde haya dinero ahí están ellos. Hay que trabajar para tener, al  final de la jornada, el cajón de la tienda llena de dinero o, con el suficiente para poder levantar la persiana al día siguiente.

Unió representaba esta menestralía. Como en su momento lo hizo Convergència. El giro separatista apartó a mucha gente del camino menestral. Para estos personajes del auca lo más importante era ir por España y ser un valor en positivo. Dar confianza y poder hacer negocios. Hoy en día estos menestrales saben que ser catalán es un punto negativo. No es lo de antaño. Si bien es cierto que los principios no han cambiado, hay que trabajar en exceso para ser creíble.

Si Unió hubiera ido por libre hoy en día tendría un hueco importante en la política catalana. Los de la antigua Convergència que no son ni nunca serán separatista jamás votaran ERC. Algunos se iran a Cs, al PP o al PSC. Pero es un movimiento mínimo. Los que si eran o pensaban así ya están en ERC. Por eso ha subido tanto en las últimas elecciones. Pero hay un sector muy amplio menestral que se ha quedado huérfano. Que se quedaran en casa sin votar, porque no les representa nadie. Unió hubiera sido la salvaguardia de ellos, pero ha fenecido.

Es una pena hablar de la necrología de un partido. Es una pena lo ocurrido con Unió, pero, en política y en la menestralía, muchas veces el senyor Esteve echó la persiana y no la volvió a levantar. Lo que podía haber sido y no fue. Unió es pasado. Un glorioso pasado que ha fenecido por la cobardía de unos poco.

César Alcalá

Historiador

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