¡Viva la Pepa!

Marzo 25 10:30 2017 Print This Article

Vera-Cruz Miranda

Hace más de dos siglos, un 19 de marzo, en la ciudad de Cádiz se aprobaba la primera Constitución española. Ese día de 1812 se demostraban las ganas de libertad del pueblo español frente al Antiguo Régimen que representaba el absolutismo monárquico, encarnado por Fernando VII. Se asentaban las bases de un nuevo régimen político, donde la soberanía residía en la Nación y no en el rey como hasta entonces. La separación de poderes era otro pilar novedoso y se reconocían una serie de derechos y libertades que eran defendidos por vez primera.

La primera Constitución, cuya existencia fue breve, había colocado la primera piedra para el constitucionalismo español. Sus defensores, al grito de ¡Viva la Pepa!, fueron unos revolucionarios en aquella época, puesto que pretendían terminar con un régimen del pasado que tenía muchos beneficiarios. Por supuesto, también hubo detractores que preferían concebir la monarquía desde el absolutismo, discrepancias que generaron la inestabilidad política de buena parte del siglo XIX. Pero ese día, el 19 de marzo de 1812, supuso un cambio en las mentalidades políticas de su época y de nuestra historia.

Un texto revolucionario en el que puede leerse artículos como este: “Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas”, o este otro: “Toda persona que ejerza cargo público, civil, militar o eclesiástico, prestará juramento, al tomar posesión de su destino, de guardar la Constitución, ser fiel al Rey y desempeñar debidamente su encargo”.

Casualmente, otro 19 de marzo, hace tan solamente unos días, un grupo de constitucionalistas españoles salimos a defender por las calles de Barcelona el respeto a las leyes, a la democracia y a la convivencia. Salvando las distancias, el tiempo y el contexto, ese día se manifestaron otros revolucionarios de la sociedad catalana, cuya mayoría vive por y para el “procés” en ese afán por no ser enviados al ostracismo.

Resulta chocante, a la vez que indignante, que en pleno siglo XXI, cuando las democracias están perfectamente asentadas, los ciudadanos deban salir a las calles para mostrar su cansancio, su hastío y su indignación ante la deriva de la política catalana que se dedica sistemáticamente a pisotear la democracia y los derechos de sus ciudadanos. ¿Cómo es posible que en esta época debamos combatir contra aquellos que se creen que están por encima de las leyes como en otros tiempos, donde no existía el Estado de Derecho y unos pocos hacían y deshacían a su antojo? ¿Cómo es posible que las instituciones públicas, cuyo deber es cumplir y hacer cumplir las leyes, se rían ante todos de desobedecer y encima manifiesten su deseo de volverlo a hacer? ¿Cómo es posible que un presidente autonómico, que ejerce su poder gracias a la Constitución, prometa fidelidad al pueblo catalán y no al rey ni a la Constitución? ¿Cómo es posible que las instituciones públicas solamente defiendan una única ideología, menospreciando al resto de catalanes, como se solía hacer en otros regímenes políticos? ¿Cómo es posible que en España, un país democrático, se permita que unos cuantos ninguneen nuestras leyes, vulneren nuestros derechos y malgasten nuestros impuestos con total impunidad? ¿Cómo es posible que no se respeten los símbolos de todos, se silben o se quemen acogiéndose al derecho de la “libertad de expresión”? ¿Cómo es posible que se pretenda dar un golpe de Estado, amparándose en un absurdo “mandato democrático”? ¿Cómo es posible que muchos catalanes se sientan desamparados a pesar de que la Constitución garantiza nuestros derechos y libertades? ¿Cómo es posible todo esto cuando vivimos en un Estado de Derecho?

Cuando el Antiguo Régimen parecía cosa del pasado, otro 19 de marzo en defensa de las libertades y de la Constitución. Este día de 2017 debe marcar nuestra historia reciente porque en las calles se exigió el respeto a las leyes y a nuestros derechos, se recordó que la soberanía es nacional y no de una parte, y se denunció, sin miedo, el golpe de Estado que están llevando a cabo desde nuestras instituciones y con nuestro dinero. Un día en el que  la valentía hizo acto de presencia, en el que no hubo miedo a sacar nuestras banderas y en el que decidimos que ya nadie iba a callarnos. Otro 19 de marzo, festividad de San José, para marcar en nuestra historia. Esperemos que suponga también un cambio en las mentalidades políticas de nuestro tiempo.

Vera-Cruz Miranda

 

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1 Comment

  1. Somsiberics
    Marzo 25, 12:02 #1 Somsiberics

    Genial artículo. Algunos intentan devaluar la constitución que nos costó sangre sudor y lágrimas, gracias a esa constitución hoy en dia vivimos libres y somos lo que somos.

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