La tontosterona de la CUP y la ANC

Marzo 22 22:03 2017 Print This Article

José Manuel Gómez

El principal problema del romanticismo, es su bucólico deseo de soñar, la exaltación de lo individualidad, una fuga ante la realidad para abrazar la fantasía, y con ello la propia irracionalidad.  A nivel individual, o en la mera actividad literaria, inspirándose en leyendas épicas y supuestos destinos altruistas de los pueblos, es aceptable; pero cuando se pretende plasmar e imponer dicha ficción como pauta y dominio social, deviene el desastre, pues la irracionalidad no puede sustituir la lógica del derecho y la economía imperante, y menos en un contexto capitalista y dentro de una auténtica democracia; si además no es compartida por la mayoría de ese supuesto diferente y excluyente pueblo, que nos recuerda rancios recuerdos fascistas del S.XX.

Después de muchos años de ver y sufrir tan esperpéntica cruzada, a nivel local, nacional e internacional, lo único que se puso de manifiesto, es una pérdida de credibilidad de la “marca catalana” y “del prestigio tanto individual como colectivo que había tenido desde siempre el ciudadano de esta Comunidad Autónoma”, al cual siempre se le caracterizaba por su clásico “seny”, sus miras comerciales y su gran capacidad de dialogo; marca que unos cuantos empecinados radicales, como buenos parias descerebrados, han degradado en estos años a unos límites preocupantes, afectando con ello a los intereses económicos e imagen internacional que proyecta España en este mundo globalizado, diametralmente antagónico, al simple campanario de aldea que aspiran estos iluminados en pleno S.XXI., donde aislarse y convertirse en enano, tienen un precio además extraordinario.

Lo que empezó como una supuesta revolución de las sonrisas, se está degradando en lágrimas, pues ya son varios los graves incidentes ocurridos exclusivamente con su sello inconfundible de la intolerancia; véase que a la inversa, los constitucionalistas, han sabido abstenerse de toda reacción y afrontar el desafío nacionalista desde la más estricta legalidad. Y efectivamente, la lenta, pero efectiva apisonadora del imperio de la ley, ha ido sentando en el banquillo de los acusados, a quiénes alegando una inexistente libertad de expresión, atropellando con ello otros derechos también fundamentales, pretendían instaurar la anarquía, la inseguridad jurídica y el mismo odio que derivo en nuestra propia GC.

En la actual fase, de no querer asumir esa realidad patente contraria a sus sueños, quitándose ya la máscara del pacifismo, tanto la ANC como la CUP, proclaman públicamente la necesidad de recurrir a la violencia para el logro de sus ilícitos fines, animando a tomar las calles, instituciones, puertos, fronteras, medios de comunicación; creando para ello grupos de somatén y brigadas armados. Es decir, recreando una institución medieval, los somatens – como el propio derecho de pura pernada que pretenden invocar en pleno S.XXI-., intentan por las armas dominar la sociedad.

Tal actuar, haciendo un símil con el ajedrez, representa ya el “jaque mate” definitivo a esos intolerantes fascistas y rancios románticos. Es exactamente lo que necesita el Estado, para aplastar definitivamente esta intentona de golpe de estado a nivel local, ante lo cual, sólo tiene que sopesar que dos instrumentos legales debe aplicar, al haber fracasado el control del TC., y el posterior Código Penal:

1.- La suspensión de la autonomía del Art. 155 CE.

2.- La proclamación por parte del Gobierno- previa autorización del Congreso- del estado de alarma, excepción y de sitio del Art. 116 CE. con todo lo que ello comporta.

¿Qué pretenden la ANC y la CUP?, Era muy previsible este desenlace, puesto que el ADN del romanticismo, su cénit, es precisamente la recreación y disfrute máximo con el mismo suicidio; por lo que sin ningún género de dudas, lo que buscan es provocar la aplicación del Art. 116 CE., inten tando desesperadamente con ello, crear un supuesto  victimismo de todo un pueblo, cuando en realidad, dichos extremistas, no representan ni un 20% de la población total, pero que no les importa humillarla en su conjunto para así intentar sacar algún rédito de imprevisible certeza y saciar su ego incluso de suicidio para culminar su supuesta Wagneriana y sublime obra, que en el fondo, no dejó de ser puro esperpento.

¿Qué debe hacer el Gobierno?. Llegados a este extremo, entre tales necesarias dos únicas opciones, lo lógico sería aplicar la suspensión de la autonomía, que por muy desagradable que sea, siempre será infinitamente más viable que arriesgarse a los males infinitamente mayores que representará sin duda optar después si o si por el Art. 116.  No ociosamente, están en juego, la misma “paz social”, la “seguridad jurídica”, la “dignidad de las personas” – que no forman parte de dicha loca deriva, es decir la mayoría-, el “derecho a vida e integridad física”, la “igualdad ante la ley”, la “libertad ideológica”, la “libertad y seguridad personal”, la “libertad de libre deambulación”, la “intimidad, la “libertad incluso de expresión”, el derecho de “reunión, asociación y participación” y la “protección judicial de los derechos”, todos ellos derechos fundamentales de especial protección y de obligado cumplimiento por parte del Gobierno  Art. 9 CE.  tanto por la normativa legal interna, como de la internacional acorde al imperativo del  Art. 10 CE.

La opción de seguir apurando electoralmente la baza del tema territorial, sencillamente no es una opción inteligente a estas alturas, ni se la merece la generalidad de la ciudadanía catalana, la del “seny” por supuesto. Si espera brotes verdes de reflexión de la élite política que domina el Parlament, será su último error, pues la misma reacciona con el síndrome del emperador o de Peter Pan, y pretende no rendir cuentas de sus sucesivos ilícitos penales con una fuga hacía el futuro, el abismo y el caos y suma, aunque ello sea aún delinquiendo más y a su vez coaccionando los mismos tribunales. Sí hay que reconocer, ahora ya próximo al último acto y bajar el telón, donde ya se otea el final del melodrama,  que si algo han superado, ha sido el Elogio a la locura del propio Erasmo, por lo que en ese aspecto hay que felicitar a esos hipócritas, y espero que no se enfaden puesto que con tal adjetivo, se designaba sencillamente a los actores en la misma Grecia.

José Manuel Gómez

Abogado

 

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