Las posverdades independentistas

febrero 20 07:56 2017 Print This Article

César Alcalá

El presidente del Parlamento Europeo, máxima autoridad legislativa en lo que conocemos actualmente como Unión Europea, expresó un axioma digno de ser citado y recordado. Dijo Antonio Tajani: “Quien actúe contra la constitución de un estado miembro no será reconocido a nivel europeo”. Este axioma es inamovible a pesar de todo lo que se pueda decir. Con él podríamos dar por finalizado el artículo, pero debe desarrollarse.

No hace mucho tiempo las mentes sesudas del procés realizaron un documento sesudo en el cual llegaban a dos conclusiones. Ambas dentro de la legalidad. En el supuesto que se hiciera la consulta y esta resultara positiva, esto es, ganara el procés, al día siguiente no se podría decretar la independencia. Si uno quiere ser legalista pasaría lo mismo que con el Brexit. Dicho de otra manera, esta se tendría que trabajar. Es decir, siguiendo la constitución, se tendría que comentar con el gobierno central y éste tendría que convocar un referéndum para que toda España decidiera si aceptaba o no la salida de Cataluña. Las mentes sesudas del procés lo ven muy complicado. Es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja que se apruebe el referéndum.

La otra posibilidad es que el presidente del gobierno realizara o diera un discurso en el cual explicara la decisión de Cataluña. Con este discurso se podría ir a Europa y, poco a poco, convencer a todo el mundo para que aceptaran el hecho de que Cataluña se podía convertir en un nuevo estado de Europa. También esta situación es complicada, larga, cansada y no segura. No hay nadie que apueste a caballo ganador. A pesar de lo expresado por algunos parlamentarios europeos, a título personal, la realidad de la situación es la planteada por Tajani. Por eso los sesusos del procés concluyeron que era mejor tomar otras medidas.

¿Qué medidas? Pues gestionar todo este proceso. ¿Cómo? Pactando una salida satisfactoria para todos y convencer a la gente que esta era la mejor solución. ¿Consecuencias? Muchas frustraciones y pérdidas de votos. Como decía aquel, para este viaje no se necesitaban alforjas. Pues eso, cuatro cosillas, algunos frustrados, nuevo panorama político, y a seguir adelante.

Porque claro, el primer punto fundamental de todo este procés independentista está en la legitimación del mismo. Dicho de otra manera. Actualmente tenemos un sistema u orden político. Mejor o peor es el que tenemos desde la aprobación de la Constitución. ¿Qué derecho tienen los seguidores del procés en cambiarlo? ¿Cuál es su legitimidad y en qué circunstancias debe producirse? A día de hoy no sabemos qué sistema u orden político se establecería en Cataluña. Se ha hablado mucho de una república y de una posible constitución. Ahora bien, este nuevo orden político será igual de beneficioso que el anterior, será más beneficioso, y lo más importante, qué riesgo o riesgos corremos estableciéndolo.

Si el nuevo orden es igual al que ya tenemos y en poco cambia lo establecido –aparte de este mal llamado estado- ¿para qué implantarlo? A lo mejor es más fácil dialogar y conseguir concesiones nuevas. Si no es más beneficioso es muy peligroso establecerlo porque ira en contra de aquellos que lo han establecido. Y, si tiene riesgos es mejor dejarlo aparcado. Pues el peso de la justicia internacional puede caer encima de aquellos insensatos políticos obcecados en una idea quimérica.

Pero hay más cuestiones a tener en cuenta. Alguien tiene que establecer las condiciones legales de la convocatoria. Estas condiciones significan dar a conocer a la sociedad que se va a cambiar el orden político existente. Y, por derivada, se ha de explicar claramente el nuevo orden que se quiere establecer. No sirve lo dicho hasta ahora. Porque sólo han sido palabras huecas. A saber: que con la independencia se viviría mejor, que tendríamos más dinero, que seríamos más felices, se habría libertad, que se leería más… Todo esto es baldío. Alguien debe poner blanco sobre negro y hacer una comparativa: esto es lo que tenemos y esto es lo que conseguiremos. Con pelos y señales. Sólo así la sociedad catalana podría plantearse su voto. No es una cuestión de sentimientos. Ahora no. Es una cuestión de conocimiento y sólo con él se puede votar.

Luego se tiene que establecer el porcentaje mínimo de personas que participen en la votación. No puede ser o no sería correcto que sólo un 20% -como ejemplo- de la sociedad fuera a las urnas. Asimismo la edad para votar, quién debe votar, cómo se ha de votar. Y el criterio. ¿Qué quiero decir? No es lo mismo que vote un 40% de la población a un 80%. Como tampoco es lo mismo que el sí o el no gane por la mínima. Es muy importante establecer unos máximos que consoliden la votación y que el resultado no pueda ser discutido ni discutible.

Como vemos muchas son las incógnitas que aún están abiertas y, por lo que vemos, todas estas seguirán sin resolverse. Y es que la cruda realidad es otra. Ninguno de los que están promoviendo el procés cree en él. Están convencidos de su dificultad y que nunca será aceptado por Europa. Conocen desde hace mucho tiempo las palabras de Tajani, aunque han intentado esconderlas y han vendido quimeras. Esto lo saben desde hace tiempo. El problema es que se les ha escapado de las manos. Pensaban que la sociedad catalana se olvidaría del tema. Han tenido la mala suerte que las instituciones pro separatismo –AMI, ANC, Omnium…- han ido calentando los ánimos en contra de las premisas del gobierno. Y, claro, ha sido muy difícil olvidarse del mal llamado procés.

En resumen, como he dicho en más de una ocasión, teniendo en cuenta lo explicado anteriormente y las palabras de Tajani, el futuro próximo se centra en unas nuevas elecciones en Cataluña. En ellas ganará ERC y Oriol Junqueras se convertirá en president. No por méritos propios, sino por desidia de PDEcat. No tendrá que luchar con las CUP. Tendrá margen de maniobra y podrá pactar con Madrid una serie de prebendas. Estas podrán ser aceptadas e, incluso, incorporadas a la Constitución en una disposición adicional. Tema cerrado para todos. Nadie saldrá a priori como ganador. Esto en la intimidad. De cara a la galería todos habrán ganado. Es la historia de siempre.

César Alcalá

Historiador

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