El lenguaje envenenado

Febrero 09 08:01 2017 Print This Article

Vera-Cruz Miranda

Hace unos días volvimos a asistir a otro espectáculo protagonizado por el presidente de la Generalitat y, por supuesto, sufragado por todos los catalanes, aunque fuera un acto excluyente. El presidente autonómico (ése que debiera representar a todos los catalanes y no a una parte) fue a Bruselas a pasear su victimismo nacionalista con un discurso sin novedades, lleno de quejas, lamentos, llantos, denuncias de injusticias, algún reclamo de dignidad, varios “no quieren escucharnos”, algún “nos persiguen y nos dicen NO a todo” y un sinfín de falso dramatismo propio de una tragedia griega e impropio de un presidente autonómico de estos tiempos.

El escenario europeo forma parte de la puesta en escena del separatismo catalán que busca la compasión más allá de sus fronteras y desea fomentar la empatía a través del falso drama de ese supuesto pueblo oprimido desde hace tantos siglos. Para ello, además de llevar siempre puestas las caretas de víctimas, se sirven de un lenguaje que tergiversan desde el poder buscando siempre la tensión dramática del espectador. Con un lenguaje envenenado pretenden hacer creer que defienden una causa justa, legítima y democrática para promover el apoyo y la aquiescencia a unas políticas, en realidad, rupturistas y carentes de legitimidad. La perversión del lenguaje es otra herramienta al servicio de la manipulación nacionalista. Sin embargo, si uno se detuviera, aunque solamente fuera un poquito, a analizar las palabras, se daría cuenta de la infinidad de incoherencias que forman su argumentario. Por desgracia, pocos se detienen a analizar y no son capaces de desenmascarar el verdadero significado de ese lenguaje perverso.

El discurso político de Bruselas, como muchos otros, con la finalidad de buscar adeptos a la causa, se llenó de incongruencias verbales que, a pesar de todo, van calando en la conciencia popular y encuentran esa indignación pretendida. Se utilizó ese lenguaje envenenado en el que dicen lo que no hacen. Repiten insistentemente que ellos son los abanderados de la “democracia”, pero al mismo tiempo son capaces de alardear de desobedecer sentencias y leyes y de pisotear la Constitución Española. Hablan de “diálogo” y de “pactos”, pero anuncian a los cuatro vientos que harán un referéndum “sí o sí”. Aseguran que esa consulta es la mejor “herramienta democrática” y contará con “todas las garantías legales”, pero sorprendentemente dicen que serán los ciudadanos quienes lo validen al ir a votar. Piden una consulta para conocer la opinión ciudadana, pero ya han invertido un dineral en construir las estructuras del nuevo estado. Afirman que va a ser una “revolución tranquila”, pero han llamado varias veces a la desobediencia. Aseveran que el tránsito a un nuevo estado se hará con seguridad jurídica, pero, por lo visto, han ido utilizando nuestros datos fiscales de forma ilegal. Repiten su apertura al diálogo, pero se refieren a dialogar solamente la fecha, la pregunta o los porcentajes de participación…

Un lenguaje envenenado que no termina ahí, sino con la perversión de llamar país a Cataluña; de decir Estado en lugar de España; de denunciar un “derecho a decidir” que no existe y negar el derecho a decidir una educación bilingüe para tus hijos o decidir rotular solamente en castellano en tu comercio; de hablar de democracia, cuando llaman a la desobediencia; de actuar en nombre de Cataluña, cuando es en nombre de unos pocos; de utilizar palabras como “sonrisa”, “pacífico”, “plural”, “inclusivo”, cuando siempre se premia al que apoya la ruptura y se castiga al que piensa diferente…

En definitiva, la manipulación del lenguaje al servicio del nacionalismo catalán. Muchas buenas palabras para disimular un proceso de ruptura ilegal y poco democrático, que vulnera los derechos de muchos catalanes, que esconde un comportamiento poco ético y poco responsable por parte de las instituciones catalanas, que lo único que hace es destruir Cataluña y la convivencia entre los catalanes. Las palabras, convertidas en mentira, son realmente poderosas para manipular conciencias. Desde el nacionalismo catalán se lanza veneno puro, estamos acostumbrados, pero deben saber que conocemos el antídoto.

Vera-Cruz Miranda

Doctora en Historia

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1 Comment

  1. almabu
    Febrero 14, 13:43 #1 almabu

    No entiendo como una banda de (como mucho) 30% de los Catalanes fue capaz de tomar la mayoría de los (como minimo) 70% de los Catalanes como rehenes del nacionalcatalanismo separatista, una forma regional del fascismo del siglo pasado? Mas, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, malos chistes, nada más…

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