Desmovilizando el procés

Diciembre 13 07:41 2016 Print This Article

César Alcalá

Desde hace unas semanas Soraya Sainz de Santamaría ha tomado las riendas del tema catalán. Este término es un clásico. Desde Royo Vilanova en 1908, hasta la actualidad, siempre ha habido un momento en el cual los dirigentes catalanes se “han venido arriba” y han montado el Belén. Posteriormente, con un poco o más de tiempo, “se han venido abajo” y las cosas han continuado como estaban. Ahora están arriba y el problema actual es un poco más complicado que antaño.

Si repasamos la historia el tema se podría haber arreglado en la transición. El País Vasco y Cataluña se habían regido, ancestralmente, por fueros. Los únicos que los reclamaron fueron los vascos. Los catalanes, como siempre, se hicieron las víctimas, se acogieron a lo que les dieron y siempre tuvieron una china en el zapato. Esta china acaba haciendo una llaga y, el hinchazón de hoy en día es el silencio de antaño. La transición fue el momento clave para arreglarlo todo. Hubo, como muchos conocen, el café para todos. Si en aquel momento personalidades como Tarradellas Pujol, Raventós, entre otros, callaron, porque ahora sus descendientes –menos capacitados que aquellos- no paran de berrinchear.

La estrategia del nuevo gobierno de Rajoy es clara. Santamaría es la líder del diálogo –no del conflicto, porque no existe-. Habrá dos focos abiertos. Uno en Madrid. El otro en Barcelona. En Madrid se estudiará y se tomaran decisiones sobre los 45 puntos de la hoja de ruta que, en su momento, presentó el gobierno catalán. Uno de ellos no se estudiará porque está ligado al referéndum. Ningún presidente democrático está ni estará nunca dispuesto a aceptar un referéndum que pueda dividir su país. No es una cuestión de querer o no querer. Es una situación de principios. Este punto no lo entienden algunos separatistas que no ven más allá de su nariz.

El segundo núcleo está en Barcelona. Este es el que hace más daño al procès. Muchos de los pastorcillos separatistas aún siguen fuera de juego. ¿Con qué derecho Santamaría abre sede despacho en Barcelona? Se preguntan. Con el mismo que le da su cargo de abrirlo en Sevilla, Badajoz, Toledo o Pontevedra. Pero, claro, que lo abra en Barcelona los desmoviliza y los deja fuera de juego. Porque –a pensamiento de ellos- tienen al enemigo en casa. Y esto no les gusta. Ellos quieren ir a Madrid a hablar de la independencia. No quieren que Madrid venga o se instale aquí. Este paso de Santamaría los deja sin recursos para poder contraatacar. Los de ahí, que ahora están aquí, no pueden darse cuenta de la realidad.

Y este es un punto estratégico de Santamaría que debemos aplaudir. Cuando Madrid viene a Cataluña se da cuenta que lo del independentismo es minoritario. No hay un clamor en la calle. Uno pasea por el Paseo de Gracia de Barcelona y oye mil y una cosas, pero de todas ellas, ninguna vinculada con la independencia. Esta realidad la quieren esconder los patriotas del procès. Y la única manera de esconderla es que Madrid se quede en Madrid. Si bien aquí se dará cuenta de la realidad y ja haurem tastat oli.

No hay cosa peor en el mundo de la magia que desvelar el truco del mago. Y estos ilusionistas del procès están a punto de ver como ya no desaparecen las cosas, ni como salen las palomas del sombrero de copa, ni como partimos a una mujer del público. La magia se ha roto y empieza a ser hora de poner las cartas sobre la mesa y negociar o decir la verdad sobre la realidad. Y, es más, es hora de decir –sin tapujos- qué queremos y qué deseamos conseguir para acabar con esta dicotomía pseudo separatista.

Y como decía al principio la cuestión no es tan sencilla. Hay un problema de base. Este se llama CiU. Su máximo dirigente –el mesías Artur Mas- sacrificó este partido en pos de algo etéreo. Dicho en otras palabras, se cargó un partido político con cierta tradición democrática, para llevar a cabo una locura. Esto significa que los nuevos o viejos dirigentes de CiU no se van a quedar con los brazos cruzados a la espera que Santamaría les dé unos mínimos. Al contrario, buscaran máximos. Y nunca estos máximos han sido los que pretenden que sean, ni nunca se conseguirán.

Tenemos un partido en la UVI llamado CiU. Tenemos otro partido que está tomando las riendas y está cogiendo ventaja llamado ERC. La lucha con Madrid o con Santamaría no es como el restaurante Madrid – Barcelona. La lucha real es CiU-ERC por el control de lo que se pueda conseguir. Ambos quieren liderar el futuro de Cataluña y ninguno de los dos se doblegará. Ahí está el problema y la dificultad. Ya no es Madrid, ni las humillaciones, ni conseguir más o menos, el quid de la cuestión radica en el poder que cada una de las dos formaciones consiga tener en el futuro.

Por eso es complicado el papel de Santamaría en todo este embrollo. De no haberse dividido el poder dentro del procès tendría mucho más fácil su solución. Con la división y la lucha de fuerzas, cada uno de ellos intentará sacar partido y marcar paquete. Y cuando ciertas extremidades entran en juego, el tenerla más o menos grande importa.

El problema catalán, como decía Royo Vilanova, se solucionará en esta legislatura. Es sólo una cuestión de dinero y poco más. Lo que resultará más complicado es saber quién la tiene más grande. El vencedor se asegura la presidencia de la Generalitat en el próximo decenio. Y aquí está la clave. Santamaría tendrá que ser perspicaz, aguda y sutil. Sobre todo muy sutil y convencer a los dos contrincantes políticos –léase CiU y ERC o ERC y CiU- que ambos marcan el mismo paquete. Si consigue esto todos estarán contentos y pondremos punto y final a un tema que para la mayoría de los catalanes ya es cansino.

César Alcalá

Historiador

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