Nova Història, novedosa historia

Diciembre 07 07:29 2016 Print This Article

Vera-Cruz Miranda

La sombra del esperpento planea sobre los catalanes desde hace mucho tiempo, pues la obsesión por dotar de sentimiento nacionalista todos los aspectos de la vida conduce a una distorsión, severa y preocupante, de la realidad. Por eso se fomenta la promoción de entidades y asociaciones dispuestas a crear un nuevo relato histórico, no importa que roce lo absurdo, lo importante es que sea muy nacionalista.

El Institut Nova Història es una de esas instituciones, claro ejemplo del esperpento. Según ellos, su finalidad es recuperar la historia de la nación catalana que durante siglos ha sido tergiversada y ocultada por la censura y, por supuesto, por la Corona de Castilla, quienes han escrito una historia como vencedores y según sus propios intereses. Su objetivo es reconstruir el pasado a través de una actitud abierta y sin dogmas, pero sobre todo con rigor, así lo afirman. Y supuestamente con dinero público, así lo afirmo.

La fama de este instituto corre por toda España, no por la calidad de su trabajo, sino por sus disparates. Según sus teorías novedosas (me refiero a la segunda acepción de la palabra que más tiene que ver con las fábulas y fantasías que con la realidad), el plantel de catalanes insignes cada vez es más abundante pues en él han incluido a personas tan conocidas como Colón, Santa Teresa de Jesús, Miguel Servet o Cervantes. A impostores como Leonardo da Vinci quien no era tal, sino que podría ser uno de los reyes de Aragón en Nápoles y por eso, por su relación con Cataluña, pintó las montañas de Montserrat en el cuadro de la Mona Lisa. A personajes que parece ser que adoptaron falsas identidades como Gonzalo Fernández de Córdoba que probablemente fue Joan Ramon Folch; Americo Vespuccio que era Despuig en realidad; o el mismo Cid Campeador que con bastante probabilidad era también catalán. Por otro lado, sacan a la luz el don de nuestros reyes, pues Juan II de Aragón poseía el don de la ubicuidad, cuando aparecía en Castilla era Juan II de Castilla; pero no nos confundamos eran la misma persona, aunque los súbditos ilusos creyeran lo contrario. Además, nos abren los ojos ante nuestra literatura que ha sido un verdadero engaño, pues “El Quijote” venía de una traducción de una obra en catalán (Cervantes era catalán); y El Lazarillo no era de Tormes, sino alicantino de Tormos. Y por supuesto viendo barras del escudo catalán por todos los escudos del mundo. Si se me permite tanta ironía.

Estas teorías novedosas (sigo refiriéndome a la segunda acepción), para que parezcan que tienen fundamento histórico, las decoran con documentación de archivo o fuentes de la época; de manera que el lector u oyente, desconocedor de la materia, acepta el relato sin cuestionarse nada y, además, con un sentimiento de engaño por habérsele ocultado intencionadamente un pasado verdaderamente glorioso  y épico de Cataluña. Dicho esto, no pretendo, ni mucho menos, refutar ninguna de sus teorías, pues sería muy sencillo, basta con decir que cometen errores de principiantes de aquellos que llevan poco bagaje documental a sus espaldas. La cuestión sería si esos errores son intencionados o son fruto de la ignorancia, pero prefiero no adentrarme en las respuestas, pues ninguna me va a satisfacer.

Mi pretensión desde estas líneas, además de ironizar, es denunciar que no todo vale en la construcción de un nuevo relato histórico nacionalista, por mucho que cuenten con el beneplácito de las instituciones públicas; que revisar la historia no es lo mismo que inventarla, aunque sea indispensable para crear un pasado legendario que nunca existió; que lo grotesco no debería ser sinónimo de riguroso; que la investigación seria está reñida con la rapidez en la elaboración de teorías, aunque así puedan ofrecer temáticas variadas para sus conferencias; que la historia catalana no ha formado parte de ninguna conspiración ni complot por parte de la censura, por mucho que ese sea su deseo y excitar todavía más su victimismo; que la historiografía ha omitido ese pasado catalán glorioso, épico, fantástico y legendario, probablemente porque no existió; y que no es ético lucrarse con mentiras ni engañar a la gente sólo porque esté sedienta de un discurso histórico capaz de dar respuesta a esa mentira nacional que le están vendiendo día a día.  A todo esto se le llama engaño y no es ético en un historiador.

Por desgracia, nos estamos acostumbrando a vivir entre lo grotesco, lo cómico, lo absurdo y lo dramático sin darle demasiada importancia, pues los engaños en nombre del nacionalismo se cuelan por todas partes. Creo que ya es hora de que el tiempo de las falacias llegue a su fin y que recuperemos, de una vez por todas, la realidad sin distorsiones, tanto de nuestro pasado como de nuestro presente.

Vera-Cruz Miranda

Doctora en Historia

 

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1 Comment

  1. Miquel Riera Munné
    Enero 06, 10:55 #1 Miquel Riera Munné

    Creure que l´historia diguemne oficial, escrita per els mes ben armats es la real , em sembla si més no d´una ingenuitat pueril i més si s´es doctora en historia a qui els estudis oficials han transformat en servidors d´aquesta historia, gracies a Déu jo no soc historiador i ja sé que si no som doctors , no podem opinar.
    L´historia oficial , no se a quin grau ha estat manipulada, que si, peró el que puc assegurar que per. escriure-la s´ha tragiversat i amagat , l´historia d´una part , per fer de la seva la de tots, negan la d´una de les parts i a voltes apropiansela.
    Perdoneu les faltes que hagi fet en aquest escrit , peró , aixi com s´ens ha negat la propia historia, també, s´em va negar estudiar amb la meva llengua, i a hores d´ara encara léstant combatent , la creació d´un imperi que ha fet aigues per tots costats no es pot permetre de tenir dues llengues

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