Hablemos de economía, no de referéndum

Noviembre 30 07:08 2016 Print This Article
César Alcalá

César Alcalá

Hace varias semanas comenté que el Govern de la Generalitat estaba esperando, como el maná, que hubiera gobierno en España. El motivo era que el equipo de Junqueras tiene, desde hace meses, una hoja de ruta para acabar con la situación actual en Cataluña. Una situación provocada por Artur Mas, que está en un callejón sin salida, y que es necesario desbloquear.

Junqueras sabe, desde el primer momento, que un referéndum es perjudicial para sus intereses. No lo quería ver Mas, pero otros dirigentes de la antigua CiU si lo veían. El referéndum saldría negativo para ellos y, toda la presión de estos años quedaría en nada. Se rompería el jarrón y sería imposible engancharlo. Ahora la estrategia es diferente. Dentro de lo malo conseguir lo mejor.

Por eso tienen la hoja de ruta y, por eso el lunes 21 de noviembre apareció el siguiente titular en el diario El País: “Junqueras invita a Santamaría a negociar más allá del referéndum”. Y hay un párrafo clave en la carta que éste le ha mandado a la vicepresidenta. Escribe Junqueras: “Nada nos gustaría más que llegar a acuerdos que repercutan en beneficio del bienestar social y una economía próspera en un momento tan complejo como el actual cuando se divisa, con esperanza, una salida a la crisis, pero a su vez con una sociedad mayormente empobrecida y más desigual… Sirva esta carta como una cordial invitación a visitar Barcelona para mantener un encuentro formal”.

A día de hoy, según una encuesta interior de la antigua CiU, de haber elecciones, este partido pasaría de 30 a 15 parlamentarios. Están en caída libre. A pesar de la presencia mediática de Puigdemont, el poder fáctico de CiU no existe. Cada día es menos. El partido fuerte –al menos de momento- es ERC. Por eso la iniciativa de Junqueras. Este quiere negociar más allá del referéndum. Es decir, poner su hoja de ruta sobre la mesa y pactarla. Esta hoja de ruta es económica principalmente. No hay más. El problema –existente- es de dinero. A Junqueras le gustaría tener las mismas condiciones que el País Vasco. Sabe que esto es imposible. Saldrá a conseguir este máximo y luego irá aceptando lo que se pueda, pero lo aceptará.

Santamaría ya ha contestado la carta. Si no directamente, si con ciertos guiños. Uno fue el nombramiento de Dolors Montserrat como ministra. Las áreas que lleva Montserrat son claves en la negociación, pues están en la hoja de ruta de los de ERC. Medidas sociales, de bienestar, que las puedan vender y que sirvan para poder presentar que el Govern vela por el futuro de sus ciudadanos en servicios sociales, en sanidad y en igualdad.

El segundo guiño ha sido el nombramiento de Enric Millo como delegado del Gobierno. Con ello se intentara rebajar la tensión. Una tensión provocada por los independentistas y contrarrestada por el Gobierno central. Ahora bien, ERC considera que se ha estirado mucho la cuerda y que un cierto relajamiento de las actitudes puede ser favorable para llegar a acuerdos. Si se consigue esta distensión será para bien.

También lo es que Santamaría tenga despacho en la Delegación del Gobierno de Barcelona y que, de vez en cuando, el consejo de ministros se haga aquí. Después de dos años de fricciones se están poniendo las bases para una normalización en unas relaciones que nunca se han erosionado ni se han roto. Han sido tensas, pero nunca se han roto.

Dije que la independencia se pactaría en Madrid. Bien, la capital de España es importante al igual que Barcelona. Se puede perfilar en Barcelona los ejes fundamentales y pactarlos en Madrid. O perfilarlos allí y cerrarlos aquí. La verdad es que poco importa dónde se pacte. Lo importante es que se pacte.

La última parte de la historia es el referéndum. ¿Qué pasará? Lo dejarán morir. Si bien es cierto que ahora hay voces que desean y están organizando esa jornada, al final nada. Hablaban de después del 11S. Ahora antes de Navidad. Luego será… y así lo alargaran hasta que se cierre el pacto. Al final venderán que este no se producirá y que, a condición  de no hacerlo, han conseguido mejor financiación, más servicios sociales, más… más… más… más… Y menos referéndum.

Siempre habrá ciudadanos que creerán firmemente que Cataluña ha de ser independiente y que ese es el futuro del país. Estos ciudadanos existen, han existido y existirán. Nacen y mueren con este pensamiento y nunca logran ver recompensada su quimera, pues es baldía. Importa poco la frustración de estas personas. Lo importante es la realidad.

¿Y cuál es la realidad? Saben perfectamente que no es viable una independencia. En un mundo cada vez más global, cuesta mucho separarse y hacer la tuya. De hacerlo estás condenado al más oscuro de los ostracismos. No somos Corea del Norte. Ni lo pretendemos ser. Incluso países encerrados y aislados en sí mismo, como China, se han abierto al mundo, porque la civilización a nivel mundial engloba y no separa.

De ahí que Junqueras, conocedor de lo que pasa, haya tomado las riendas y quiera cerrar esta herida abierta. Él se pondrá unas medallas y, tal vez, consiga la presidencia de la Generalitat. Esa será su recompensa. La ERC de ese momento en nada se parecerá a la actual. Perderá su input independentista o separatista. Serán patriotas, pero vinculados con España. Porque, al final, como la parábola del hijo pródigo, todos acaban volviendo a casa. O como Don Quijote, al final todos recuperan la cordura. Se está poniendo una pica en Flandes y cada día queda menos para conseguir lo que algunos hemos defendido siempre: que Cataluña es una parte importante de España por cultura e historia y que nunca ha sido independiente. Dicho de otra manera. Mi Patria Cataluña y mi Nación España.

César Alcalá

Historiador

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