Pastorcillo victor salutant

noviembre 21 07:08 2016 Print This Article
César Alcalá

César Alcalá

Me comenta un pastorcillo, con respecto a mi último artículo, que soy capaz de escribir artículos sin entrar en adjetivos descalificativos y ofensivos. Y añade que sabe sobre el próximo artículo -este- que saldrá sin esta sobredosis de soltura literaria poco afortunada.

Pues me parece que no. De este tipo de comentarios nosotros somos los culpables. Durante demasiado tiempo nos han engañado, nos han vendido una moto y nos hemos dejado engañar. Algunos han comprado esa moto y se han callado. Cuando empezó Mas muchos -demasiados- callaron o callamos porque pensaron o pensamos que eso duraría cuatro días. Llevamos unos cuantos años sobreviviendo no sólo a la mentira, sino a un estado de asedio y derribo insoportable. Quizás el soufflé se esté deshinchando y el status quo vuelve a la normalidad, pero los pastorcillos siguen proclamando sus consignas y no nos es fácil hacerlos callar.

Estos pastorcillos se sorprenden de nuestra respuesta. ¡Claro! Al estar callados durante años piensan que hemos perdido el norte, que hemos sucumbido, cosa que nunca ha pasado. Callarse no quiere decir que acatemos la voluntad de unos pocos, muy pocos, cada día menos.

Si alguno esperaba que me disculpara por lo que comenté sobre la concentración de pastorcillos de Famosa van listos. Algunos hemos aguantado mucho, demasiado, durante muchos años la mentira y la falsedad de estos personajes adscritos al independentismo.

Es mentira todo lo que han dicho. Una Catalunya independiente está condenada al fracaso. Si ahora estamos en quiebra técnica por culpa de un mal gobierno del tripartito y de CiU, sólo nos faltaría la independencia. Algunos pastorcillos -los de base, pero muy básicos- se creen esta mentira. Los de arriba -que dejaron hace tiempo de ser pastorcillos, aunque para ensalzar las masas se cuelgan el zurrón, las alpargatas y la barretina- rezan porque la tortilla de la vuelta y se vuelva a la normalidad.

¿Qué normalidad? Una buena financiación y tres o cuatro tonterías para que los pastorcillos se hiperventilen cinco minutos y permanezcan calmados y engañados. Vuelvo a repetir. Algunos han vivido muy bien “de” la independencia que “en” la independencia. El problema es que el chollo se les está acabando. Ya les queda poco y están preocupados. Y también -si fuera uno de ellos- me preocuparía. Ahora tendrán que empezar a trabajar, a dejar de mentir, y les alguien les obligará a ser productivos. Algo que no saben lo que es, ni lo sabrán nunca.

Si ciertos pastorcillos se ofenden o molestan con lo que uno escribe es bueno. Mientras otros aplauden, ellos se molestan. Esto es el principio del fin. Todos estos pastorcillos están heridos de muerte. Su mentira no se aguanta. Catalunya nunca ha sido independiente y nunca lo será. Que lean la historia. La verdadera, no la que se han inventado ellos. Desde Guifré el Pilós, hasta hoy en día, Catalunya ha formado parte de la Marca Hispana. Con el tiempo evolucionó y se transformó en España.

Han construido una gran mentira. Lo peor es que se la han creído y se la siguen creyendo. Es una pena para ellos. El golpe será muy duro y, en algunos casos, fatal. Como dice Shakespeare en Julio César: Cry “Havoc!” and let slip the dogs of war. Es decir, dentro de poco los constitucionalistas, los que siempre hemos sido catalanes y españoles, los que creemos en la unidad de España, los que no nos creemos las milongas nacionalistas, les diremos a esos pocos pastorcillos que aún estén en activo: Grita “¡Devastación!” y suelta a los perros de la guerra. Porque como en el Enrique V de Shakespeare, tenemos a nuestros pies unos perros de caza llamados hambre, espada y fuego.

No amigo. Ni sobredosis ni descalificaciones. Ahora tenéis lo que os merecéis. Hemos callado, pero se acabó. Nuestro error ha sido éste: callar. Nos debemos a la verdad. Esta es nuestra fuerza y, como dije: os venceremos. Vuestras horas están contadas. Estáis al borde del abismo. Finalizo on una canción de Uziya Tzadok sobre la que alguno podría o puede razonar o pensar.

No quiero ir hacia lo desconocido

Clamo a Dios al borde del abismo

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Con lágrimas en los ojos cuando el corazón llora en silencio

Cuando el corazón calla, el alma grita

—————–

El dolor es grande y no hay consuelo

Haz que se termine porque no me quedan fuerzas.

Podemos concluir que es el canto triste de un pastorcillo que ve cómo se le escapa la independencia entre las manos, de su corazón y de su pensamiento.

César Alcalá

Historiador

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