Los gurús del desastre político

octubre 06 06:43 2016 Print This Article
César Alcalá

César Alcalá

En el concertante final de la ópera Falstaff de Verdi se canta: “Tutto nel mondo è burla, l’uom è nato burlone”. Y es cierto. Todo en el mundo es una burla y el hombre nace burlón. Y dentro de esta paráfrasis surgen los gurús de la política. Tenemos que entender el término dentro de su concepto. Es decir, ni son gurús, ni entienden de política. Su único entendimiento es personal. Por eso su ideal es salir victorioso y aprovecharse del momento. Es una especie de carpe diem, pero en la más pura de las vulgaridades. Después existen otros que son teóricos de la política y de la comunicación con los cuales uno puede confiar. Pero este no es el cas. Estos segundos son profesionales y no amateurs de una mal entendida política.

Estos personajes surgen como el polen en primavera. Lo bueno es que hay muchos y desaparecen. El problema es cuando encuentran un sitio donde fecundar. En ese momento la vida política de un municipio o ciudad entra en peligro. Nos centraremos en un municipio porque es donde mejor actúan. En poblaciones de más de 50.000 habitantes lo tienen complicado. Su desarrollo se centra en poblaciones como las que comentamos en el anterior artículo. Esto es de 10.000 a 15.000 habitantes.

Aparecen y, normalmente, se afilian al partido que está gobernando o aquel que está en puertas de gobernar. Evidentemente son los mejores, los más obedientes y los que están dispuestos a hacer cualquier por su municipio. Esto en apariencia. La realidad es otra. Si bien es cierto que fingen cierto status social, la realidad es que sienten la necesidad de vivir no sólo de la política, sino de las prebendas que esta les pueda deparar. Son espabilados, pero no inteligentes.

Tienen el don de hacerse amigos y buscar la confianza de aquellos que les rodena. Dicharacheros y tranquilos, encuentran o consiguen lo que buscan. En poco tiempo consiguen su objetivo. Y es en este punto donde empieza su estrategia. Conocedores de la situación y dominadores de una parte del territorio –al menos esto es lo que venden- se integran dentro de una estructura que, por cuestiones de ciclos, llegan al gobierno. Lo cual les convierte en personajes conocidos, aunque intentan ser mediáticos.

Ser mediático es muy difícil hoy en día. Y más teniendo en cuenta lo que ocurre en ciertas cadenas televisivas. Aún así lo intentan. ¿Y cómo lo hacen? De una manera muy sencilla. Hacen ver que se interesan por todo, que dominan –si habláramos de flamenco- todos los palos, siempre dicen que sí y, ya está. No necesitan mucho más. Son personas del si continuo, de escuchar mucho y hacer poco. Nunca resuelven ningún problema y siempre están dispuestos a echarte una mano. Con lo cual estás perdido.

Esta situación puede ser beneficiosa un tiempo pero, con el paso de los meses, uno se da cuenta de su inutilidad. En ese momento empiezan a surgir diferencias. No pasa nada. El gurú se mantiene en sus trece y sigue vendiendo que él es el único capaz de hacer cosas y los demás están equivocados.

Con su lógica consigue convencer a unos pocos. Y los otros, aunque engañados, lo mantienen por el qué dirán. Llegados a este punto pueden ocurrir dos cosas. Ante unas nuevas elecciones se puede aliar con alguno y decirle que con él ganaran las elecciones. También puede desertar de un partido –recordemos que nunca tiene ideales políticos sino personales- e ir a otro. En este caso también volverá a repetir la misma frase de que, gracia a él uno puede conquistar el Santo Grial.

Por una de aquellas casualidades de la vida la candidatura consigue abrazar el limbo de la victoria. Ya sea en su propia formación política o en la nueva. Eso es lo que menos importa, pues ni un color ni otro son importantes para el pensamiento ancestral del gurú. Tal y como está la cosa su ego aumenta. A todos nos pasaría. Ha conseguido hacer una cosa que nadie estaba predispuesto no sólo a creer, sino a hacer. Él se presenta delante de los suyos como aquel líder que ha conseguido el triunfo. Y no sólo eso. Pide compartir el triunfo con la persona que está al frente de la organización política.

Esto es bueno y malo. Normalmente es contraproducente. Está demasiado informado de todo lo que ocurre. Gobierna donde no tendría que gobernar. Su ego personal aumenta. Pasa a ser el número uno en la sombra. La historia se transforma en aquello de reinar, pero sin gobernar. El primero puede firmar, pero el que gobierna es el otro. Esto provoca roces, rencillas, malos entendidos, rupturas y un sinfín de cosas que rompen la estabilidad.

El gurú ha conseguido lo que estaba buscando desde un primer momento. Ser un hombre fuerte. Ser considerado. Ser lo que es. En el fondo es muy poca cosa y su autoestima casi siempre está por los suelos aunque aparente todo lo contrario. Sabe que no es nada, pero le gusta vivir en la mentira. Y llegados a este punto uno se puede preguntar lo siguiente: ¿y cuál es su futuro?

La pregunta es fácil de contestar. Su futuro es ser el máximo responsable. El jefe de la tribu. Por eso es gurú, para ser el más mejor. Luchara para conseguirlo y, sin por el camino tiene que dejar algún cadáver, lo hará. Este tipo de gurús son muy peligrosos. No ya sólo para la organización o partido en el cual están, sino para la sociedad. El problema es que, como las serpientes, son escurridizos y se mueven con mucha discreción.

Volviendo a Falstaff, el concertante final acaba diciendo: “Ma ride ben chi ride la risata final”. Dicho de otra manera, el que ríe último ríe mejor. El problema es que uno llega a gurú, o se convierte en gurú, como diría Juan Belmonte, degenerando. En el próximo capítulo hablaremos de otras influencias positivas y negativas en política.

César Alcalá

Historiador

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