Suicidarse políticamente

septiembre 27 06:29 2016 Print This Article
César Alcalá

César Alcalá

Se le atribuye al torero Rafael Guerra “Guerrita” –en realidad es de Charles Maurice de Talleyrand- la frase: “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. Y es que, a veces, algunos, bajo imperativo o en nombre de algo etéreo, materializan ciertas cosas que uno no entiende o piensa que nunca podrá llegar a buen puerto.

Uno puede tener un mandato de la ciudadanía. Dicho en palabras que se entiendan. Uno puede haber ganado las elecciones o haber sido investido alcalde. Lista más votada. Ahora bien, eso no significa que tenga patente de corso para hacer cosas que pueden provocar desfallecimientos progresivos. Es decir, provocar la ingobernabilidad y el bloqueo de una población.

Supongamos que en unas elecciones, en un municipio medio de entre 10.000 y 16.000 habitantes, hay 11.500 personas con derecho a votar. En el momento de la verdad acuden 6.500 que depositan su voto por alguna de las formaciones; 4.500 que ya ni van; 100 que deciden anular su voto; y 150 que votan en blanco. Si vemos la proporcionalidad vemos que un 40% de personas les importa poco. Vayamos a la realidad. El partido ganador obtiene el 28,46%; el segundo un 25,21%; el tercero un 24,62%; el cuarto el 10%; y el quinto un 8,9%. Esto supone que del cómputo global sólo un 15,31% de personas dan apoyo a la lista más votada.

Estos datos no son o no representan un mandato lo suficientemente amplio para convertirse en el líder de nada. Es necesario el apoyo de un segundo o un tercero. Todo dependerá de las adscripciones políticas, las ideas y los compromisos. Supongamos que consigue un apoyo y que, por desgaste, por diferencias o por ineptitudes, al cabo de un tiempo deciden romper. No es lo más normal, pero ha sucedido en diversas ocasiones.

En este punto se abre un problema muy importante. Volviendo al mandato, esta formación política, teniendo en cuenta lo mal que lo ha pasado con su socio de gobierno, decide gobernar en solitario. No lo hemos dicho, pero esta formación está en minoría. Supongamos que el pleno es de 17 regidores y ello tienen 5 o 6 regidores. Una cifra débil para seguir gobernando.

Aún así se echan el mundo por montera y consideran oportuno avanzar con apoyos puntuales de los otros 12 regidores. Dicho de otra manera, les piden un cheque en blanco para llevar a cabo aquello que pregonan. Es decir, aquel mandato que para algunos es dogma de fe.

Claro está, gobernar con 5 o 6 regidores supone que, en cada votación deberá encontrar, como mínimo, a 3 o 4 personas que los apoyen. La mayoría está en 9. Pero, claro está, volvemos al cheque en blanco. ¿Las otras formaciones estarán dispuestas a darles un cheque en blanco? Es complicado.

La lista o partido que gobernó con ellos es indudable que, teniendo en cuenta como han acabado las cosas –siempre las cosas terminan más al principio y luego se liman las asperezas- decidirán no apoyar a la formación gobernante. Con lo cual ya hay un muro infranqueable para una posible gobernabilidad tranquila. Es lógico, de estar de acuerdo hubieran seguido en gobierno. Con su salida se demuestra físicamente que se han roto los puentes y que muy difícilmente podrá haber no sólo una reconciliación, sino un recíproco apoyo.

Después quedan los otros partidos que forman el consistorio. Claro está, como ocurre algunas veces –más de las deseables- existen rencillas antiguas que vuelven a aparecer cuando hay conflictos. No siempre se hacen las cosas a gusto de todo y más cuando hablamos de relaciones humanas. Por eso, no siempre es plausible que haya pactos o coaliciones que mantendrían o estabilizarían un futuro gobierno. Tampoco, como decíamos, la gente da cheques en blanco sin tener muy claro cómo se llevará a cabo la gestión. Con lo cual el punto de salida es complicado. A veces los grupos –en algunos partidos se conocen como asambleas- e ideólogos son contraproducentes.

Vista toda esta evolución y si nadie lo remedia, el partido que desea llevar adelante ese mandato se está auto suicidando políticamente hablando. La falta de gobernabilidad implica que no se podrán –a priori- aprobar muchas cosas importantes. Con lo cual la administración municipal quedará paralizada.

De obtenerse cheques en blanco –lo cual es complicado- se deben convencer a demasiados frentes. Y esto no siempre está abierto. Pues no hay confianza o no la habría en la gestión del día a día.

Las reyertas internas entre los partidos son proporcionales al conocimiento que cada personaje tiene de los otros. Y algunos podrían pactar con otros, siempre y cuando –siempre puede ser negociable- algún o algunos miembros de cierta lista o listas dimitieran. Se puede dar el caso que nadie pida nada de todo esto, pero no es frecuente. Los egos propios de cada uno impide que todo esto se produzca y la cosa seguiría en tablas y sin acuerdos ni puntuales. Ninguno debe plantearse una moción de censura, pues estas nunca salen bien.

En conclusión, una situación como la que comentamos puede o debe provocar un desgaste del partido que por activa o pasiva se mantiene en sus trece de llevar el estandarte del mandato. Una paralización de la actividad municipal. La pérdida de confianza y, en su defecto, de votos en unas próximas elecciones. Además de inoperancias, rupturas y desidias.

Volviendo al “Guerra” y a su filosofía urbana: “Hay gente pa tó”. Y mira si es cierto que algunos desean y buscan inexorablemente suicidarse políticamente. La próxima semana analizaremos a los gurús políticos.

César Alcalá

Historiador

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