Ramon Llull, Doctor Illuminatus

septiembre 19 15:44 2016 Print This Article
César Alcalá

César Alcalá

Ramón Llull nació en Palma de Mallorca en el 1232 y falleció en la misma ciudad en el 1316. Fue filósofo, poeta, místico, teólogo y misionero. Es venerado como beato por culto inmemorial. Es decir, que su figura fuera razón de culto antes del 1534, época en la cual Benedicto XIV estableció esta forma de beatificación. Por ello su fiesta se celebra el 27 de noviembre. A Llull se le atribuye la invención de la rosa de los vientos y del nocturbabio.

Este sería un resumen de la vida y obra de este erudito medieval. Pero Ramón Llull fue mucho más. Siglos después se le hubiera podido definir como hombre renacentista, pero en su época fue un medievalista que, a posteriori, influyó a futuras generaciones. Por decirlo así, Llull es el Maimonides católico. A pesar de ello algunos quieren o intentan llevar a su redil a este personaje universal. Ni ahora ni en su tiempo se puede extrapolar los conocimientos adquiridos y traspasados de Llull a situaciones complejas y políticas vividas por todos los últimos tiempos.

Desde Descartes a Leibniz la influencia de Llull fue fundamental para establecer las bases de lo que hoy es la moderna filosofía. En una época donde el cristianismo, el judaísmo y el islamismo bebían juntos del arte, ciencia, filosofía y artes, el nombre de Llull es una pieza fundamental para conocer el porqué del desarrollo intelectual que vivió Europa durante la Alta, Media y Baja Edad Media y del porqué del Renacimiento.

En Cataluña, aún hoy en día es habitual escuchar o leer la frase: “Amic Amat, Amat Amic”. Obra de Llull, aunque pocos lo sepan. Su concepción del Arte como lenguaje universal es obra de él, aunque se volvió a poner de moda gracias a Umberto Ecco. Otras personas marcadas por la obra y el espíritu de Ramón Llull han sido Salvador Dalí, George Harrison, Allen Ginsberg, por citar sólo a algunos. Es decir, la trascendencia e influencia de Llull sobrepasa conceptos ideológicos de país o idioma y, siguiendo o confirmando sus palabras, se ha convertido no sólo en beato, sino en un personaje con un lenguaje universal.

Recordemos que en la época de Ramón Llull estaba de moda –por así decirlo- las Cruzadas. Es decir, el intento cristiano de conquistar el alma de los infieles y recuperar para la cristiandad Tierra Santa. A pesar de la época y la precariedad en la transmisión de informaciones, ese periodo espiritualmente fue muy intenso. Y más si tenemos en cuenta que dichas cruzadas no obtuvieron el éxito deseado. De esa época también es la creación de las órdenes de Caballería, entre ellas la de los Templarios. La frustración por no conseguir el sueño deseado o recuperar Tierra Santa supuso que algunos filósofos e intelectuales se inclinaran por la meditación y la pluma para ganar la batalla a los infieles. Llull fue uno de ellos. Si Dios era amor, se tenía que combatir al infiel con la palabra. De ahí surge la idea de escribir su libro Arte –el mejor libro del mundo- que contrastaría las armas con la palabra. Dicho en lenguaje actual: haz el amor y no la guerra.

Una de las ideas que se pueden extraer de la obra de Llull es la creación de algo que hoy en día podríamos titular como Sociedad de Naciones. Este concepto o idea queda expresado en el libro Et in terra pax homnibus bones voluntatis. Pero no sólo debemos quedarnos con éste Llull. Como autor o pensador poliédrico debemos destacar: Llibre de merevelles, Llibre de les bèsties, Tractat d’Astronomia, Libro del Orden de Caballería, Ars Magna, Blanquerna, Llibre de contemplació, Llibre dels mil proverbis, Libro del gentil y los tres sabios, Libro del ascenso y descenso del entendimiento, Vida coetánea, Libro del Fin. Y, por supuesto, El Árbol de la Ciencia, donde habla de física, botánica, biología, artes, antropología, ética, política, eclesiología, astrología, angelología, escatología, mariología, cristología y teología. En este año, aparte de lo dicho, es importante para todos releer o descubrir el mundo y la obra de Ramón Llull.

Y es que muchas veces es bueno, no ya sólo para el ser humano, sino para la sociedad, poner en práctica algo tan fundamental como el recuerdo. Revivir lo que se escribió hace más de setecientos años nos procurará una visión más amplia de nuestro pasado. Una visión muchas veces tergiversada por personas que intentan llevar a su redil un pensamiento que muy poco tiene que ver con el de hoy en día. En una sociedad donde convivían tres religiones y tres filosofías, difícilmente uno puede encontrar separatismos. Les unían muchas más cosas y les desunían muy pocas. Como escribió Llull: “El amor nace del recuerdo, vive de la inteligencia y muere por el olvido”. Alguno o algunos podrían hacer el esfuerzo de cambiar ciertas expresiones o palabras y encontrarían en el axioma la realidad o verdad que, como dice el teorema, es inalterable.

Muchas, a día de hoy, hemos sobrevivido poniendo en práctica aquello que los clásicos acuñaron con el nombre de paciencia. Ser pacientes es conseguir no la victoria, pero es estar muy cerca de tocarlo con las manos. Eso sí, como decía Llull, la paciencia comienza con lágrimas y, al fin, sonríe.

Así pues, gocemos y disfrutemos de este aniversario. Tenemos la suerte de haber nacido en un país que vio nacer a dos grandes intelectuales. En Mallorca Ramón Llull y en Córdoba a Maimonides. Este punto de encuentro nos debe hacer reflexionar sobre la importancia de la unión de dos grandes religiones monoteístas en un mismo territorio. Si Maimonides dijo que “desde Moisés hasta Moisés no hubo otro como Moisés”, Llull sentenció que “como lo que sabes es tanto como lo que no sabes, no hables mucho”. Por eso, es hora de callar, instruirnos, y leer a Ramón Llull.

César Alcalá

Historiador

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