Viaje al corazón del Brexit: “la dama de hierro”

julio 13 10:19 2016 Print This Article
José Manuel Gómez

José Manuel Gómez

Mi primera visita a Britania fue en el ya lejano verano de 1.983, concretamente a la ciudad de Leeds, perteneciente al extenso, verde y bello condado de Yorkshire, donde todo para colmo es Historia que fueron sucesivamente dejando tanto sajones, normandos o vikingos; y todo ello, se mezclaba con el calor humano de sus orgullosas y al mismo tiempo humildes, abiertas y amables gentes. Por azar, pues pertenezco a esa curiosa generación de los 60, de los que “llegamos tarde a todo”;  esa visita coincidía con un “antes” y un “después” de la misma suerte que ya estaba echada para la generalidad de las regiones del Norte; y que personalmente, por estrechas relaciones familiares, he tenido la ocasión de ir observando su evolución durante todos estos años, a la par que disfrutaba de esa preciosa campiña casi siempre nublada y fresca, verdadera cuna y paraíso del golf, como de otros múltiples deportes; verdadero lugar de culto también a  los jardines, a la cerveza, y al buen te; no así de la gastronomía, salvando las populares fish and chips, y que refleja un dicho: “Dios concedió a los británicos el mejor sofisticado estómago, pero en contrapartida, por simpatía,  les dejó  la peor cocina”. ¿Alguien ha visto por casualidad en alguna ocasión un restaurante inglés fuera de sus fronteras?.

Si es cierto que se heredan tanto las malas como las buenas cualidades, convendríamos que el orgullo de esa gente norteña tendría su buena razón de ser, en cuanto que allá, se produjo un hito de una relevancia única equiparable o superador incluso al mismo Neolítico, pues de una manera explosiva, con la previa sólida base económica fruto de la concentración de capitales del naciente capitalismo, derivada en buena parte a su vez de las riquezas y materias primas que generaba el Imperio; propició la denominada “Revolución Industrial”, que transformó literalmente el mundo tal como se conocía hasta entonces; cambiando incluso  el mismo  paisaje a base de redes ferroviarias, canales, carreteras y fábricas de todo tipo, en especial textiles; y especialmente, múltiples minas extractoras del preciado oro negro inglés como energía imperante que movía al mundo. Tales cambios generales, curiosamente sólo dieron  a la larga una óptima calidad de vida para la generalidad de las clases obreras, pues no nos olvidemos que hasta casi mediados del S. XX, era legal  el triste espectáculo de ver los menores en las minas, aunque ya no los inferiores a 12 años como antaño.  Fue sintomático que esos mismos obreros industriales, viendo la potencial competencia de esas nuevas máquinas, llegaron en ocasiones a destrozarlas, lo que choca con nuestra nula actual previsión en un mínimo estudio y análisis respecto a la afectación laboral de la informática cuyo efecto multiplicador, en lo bueno y en lo malo,  será infinitamente mayor que aquellas  simples  máquinas.

Imagen de un mercado en Dewsbury(Ledds)

Imagen de un mercado en Dewsbury(Ledds) en la que aparecen mujeres con burka

El cenit de ese estado del bienestar, aconteció tras la 2 GM., en una verdadera época dorada donde todo era  prosperidad y consumo como emulando el mismo sueño americano; sueño que se truncó con la grave crisis del petróleo en los años 70, y que obligó a tomar unas decisiones que tal vez fueron demasiado drásticas, decididas por su particular bestia negra, que tenía un nombre: “Margaret Thatcher”. Por esa no sé si dureza o falta de sensibilidad, la apodaron “la dama de hierro” a aquella hija de sencillos padres comerciantes; mujer explosiva como su misma formación académica de “químicas” quien previamente a ser política – con patrocinio económico de su esposo petrolero, pues lo plantearon en términos como si fuese un negocio convencional más- ; había sido rechazada por la multinacional química  I.C.I. -curioso paralelismo con el rechazo en su día  de Hitler por parte de la Real Academia alemana de Bellas  Artes-, pues de haber sido “aptos”, ambos, no habrían pasado a  la Historia, ni la Humanidad los hubiera tenido que sufrir en sus respectivos campos y especialidades, en momentos y contextos evidentemente muy diferentes de su actividad humana; pero que paradójicamente, en cuanto a secuelas sociales y su prolongación en el tiempo, posiblemente tuvo más transcendencia histórica Thatcher, puesto que, a falta de ideas coetáneas propias, que obviamente no era su fuerte, prefirió desempolvar del baúl de los recuerdos la misma esencia de las bases de la sociedad victoriana; cuyos efectos  podría decirse que perduran hasta nuestros días y prometen seguir haciéndolo; máxime desde la renuncia de la izquierda al marxismo en una tan pretendida como errónea infantil interpretación de la superación de la clásica lucha de clases y que hasta entonces, hacía de sutil equilibrio al capitalismo.

No olvidemos que el mismo Felipe González llegó a alabar y poner en un pedestal a dicha metálica dama, no sin antes haber enterrado a Marx de una forma precipitada, con el único fin de entregarse a las  frías, rígidas e irreflexivas  leyes de mercado. Si hubiese reflexionado, sólo vería dos cualidades o falta de ellas en la dama, una sería  no tener corazón, y la otra no tener alma, pragmatismo y temeridad como bandera en suma, como muchos otros políticos, dejando la cabeza en casa para ir más livianos, prueba de ello: ¿quién que ama a su país privatizaría sin pestañear agua, electricidad, gas, ferrocarril, servicios sociales, hospitales, colegios? Luego con su habitual cinismo, se permitió el lujo de decir: “no existe U.K., existen familias”.

Volviendo a ese titánico pulso que la dama hizo a los mineros y a sus sindicatos,- que de aquella a diferencia de la actualidad, era uno de los más potentes de Europa-, duelo sin par que duró años, y que terminó por doblegarlos a pesar de esa unión y solidaridad obrera única que a modo de  resistencia numantina, sólo los llevó a la misma pobreza, pero sin menoscabo de su orgullo y sus principios. Llegó incluso a compararlos con “el enemigo de las Malvinas”. Tal  último romanticismo  obrero, no evitó  la  práctica totalidad del  cierre de las minas,  afectando con ello a un gran número de población, a la que no le dieron otra alternativa  que no fuese las pre-jubilaciones previas o el paro. Por si lo anterior fuera poco, la brava dama arremetió con el mismo brío  contra la industria textil también en  crisis, en buena parte por la  desleal competencia en los salarios y materias primas del mundo comunista chino, – suerte que posteriormente también corrieron todas las textiles europeas incluyendo las catalanas-; en el caso inglés, pasaron de una producción del  70 % , a un 30% en la actualidad; y todo ello por no tener Europa una política seria de aranceles frente a esta ilógica competencia que pretende legitimarse con la simplona teoría de libertad de libre mercado, unido a las cada vez mayores imposiciones de los propios asiáticos, resultado directo de ir acaparando la compra de la deuda de Occidente. Los altos hornos, y la industria siderurgia, los transportes y una infinidad de más actividades tampoco se salvaron de su privatización o venta.

No contenta con lo anterior, para conseguir más ingresos, introdujo una nueva tasa inmobiliaria conocida como la “poll tax”, la cual en realidad penalizaba más a la población más débil dado que se pagaba en función del número de personas por vivienda. Esa fue la gota que colmó el vaso y que forzó después su dimisión. Se fue como entró en política, pues su primer acto consistió en “quitar la leche en polvo gratuita en los colegios”.

Su letal legado en acciones y pensamiento, fueron una de las referencias del Brexit, pues no por casualidad, Nigel Farage, líder del UKIP., dijo de ella: “creyó con pasión en su país y su gente”.

Esas seria en síntesis “la vida y milagros” de Margaret. En vida, una  Robín Hood allá agazapada en el  follaje del bosque salvaje neoliberal de “ Sherwood forest”, donde a diferencia del héroe, esta se dedicaba a “asaltar a los pobres para mayor gloria y grandeza de los ricos”. En cuanto a milagros, más que el mismo Cristo, pues si Él multiplicaba los panes y peces, ella triplicó los parados, pasando de 1 a 3 millones!! Cuando terminó su particular cruzada como “dama negra”, cruzada que continua aún de muerta y venciendo, aunque como antítesis también de nuestro Cid; y que aun así, no hay ni un sólo “caballero blanco” que le salga al encuentro. Y es un duelo deseable, pues en él, se juega el mismo destino del mundo.

El resultado de esa salvaje reconversión industrial, -que también hubo de realizarse en nuestro país aunque a una escala menos agresiva por su lógico menor peso-, tuvo que ser atenuado por los hasta entonces excelentes servicios sociales, absorbiendo así el alto paro de varias sucesivas generaciones. Ciudades hasta aquella punteras como Manchester, Liverpool pasaron a ser meras sombras de si mismas, lo cual llevó a la población al desánimo y a la emigración a la gran city londinense que en su ya clásico centralismo, decidía incluso sobre aspectos tan elementales como el gasto de transporte de esas regiones norteñas; población esta,  cada vez más harta de ese olvido político a sus intereses locales; por lo cual me quedo perplejo de la permanente invocación de los separatistas catalanes al modelo  de derecho inglés y su democracia, pues me da la impresión que no tienen ni idea, ni se preocupan tampoco de documentarse mínimamente pues, la realidad tampoco es su fuerte.

Tampoco se privó de reducir los servicios sociales, privatizar la enseñanza y todo lo que oliera a socialdemocracia, lo suyo era la “caverna y el baúl  histórico”.

Por si lo anterior ya fuese poco para un pueblo ahora humillado, aún les faltaba por sufrir la especulación inmobiliaria de los años posteriores originada por los “yuppies” de Londres que buscaban inversiones y segundas residencias, lo que hizo que se doblaran los precios para tener acceso a la hasta ahora habitual vivienda; nuevos precios que en contrapartida no iban ni mucho menos parejos a sus nuevos salarios, al reducirse estos junto a  las condiciones laborales en el contexto de esa nueva también supuesta panacea de la dama, llamado  neoliberalismo que a modo de pastilla, decía sin empacho alguno, que curaba de raíz toda enfermedad social. Así desde años y de forma silenciosa, se hizo normal el trabajo de jóvenes que no tenían previamente un horario o turno concreto, sin contrato, sin vacaciones, con salarios basura, sin futuro en definitiva para plantearse una mínima vida digna como la que vieron en sus padres. Eso en cuanto a los que tuvieron la suerte, o quisieron trabajar;  pues es notoria  la existencia de hasta tres generaciones en una misma familia, que sin cotización laboral alguna, van viviendo de dichos servicios públicos, que entre otras prestaciones básicas, les suministra vivienda, incluso  por el simple hecho de tener precozmente descendencia, lo que llevó al abuso  aprovechándolo muchos jóvenes para independizarse.

Otra imagen más típica de Dewsbury(Ledds)

Otra imagen más típica de Dewsbury(Ledds)

A esa precariedad laborar, oculta e ignorada  en el extranjero, sin apenas la más mínima manifestación o huelga a diferencia del resto de Europa, y que debía obedecer sin duda a la estigmatización previa en que la dama había sometido a sus padres y abuelos, se sumó como una broma más del fatal destino, el “efecto de llamada” precisamente por esos servicios sociales, verdadera panacea para los recién asociados comunitarios del Este, cuyas prestaciones para ellos desconocidas, eran poco menos que el paraíso en la misma tierra; colectivo que se incorporó al ya delicado sistema, y dándole más salsa si cabe, trabajaban por un tercio del salario convencional de un nacional; lo que motivó que U.K reclamara  y se le concediera poder excluirse del espacio “Schengen”; solución parcial,  pues estos nuevos comunitarios, era minoría  e insignificantes respecto a  sus propios “citizens” de las antiguas colonias, que saturaban tanto las prestaciones, como se hacían en exclusiva con determinados servicios laborales, caso del  sector del taxi; población extranjera que ha llegado a ser incluso mayoritaria en algunas poblaciones con el posterior reflejo de sus representantes políticos, alguno de los cuales, precisaba incluso de traductor para ejercer el cargo de alcalde. No es extraño ver en mercados como Batley ( pueblo natal de la reciente diputada asesinada), o  Dewsbury,  muchas  mujeres con burka, lo que ha alterado  la clásica imagen inglesa de personas y poblaciones;  pues incluso los múltiples negocios que regentan, tienen una estética exterior diferente, tan dejada como a la vez alejada del canon inglés; población nueva que  impone además su propia  idiosincrasia, agravado todo ello con un alejamiento cultural étnico propio de culturas tan dispares que han llevado a múltiples resoluciones judiciales variopintas, tales  como el prohibir que  las pizarras sean negras; tener cruces en los colegios; o incluso tener que desterrar cuentos infantiles como el de los “ tres  cerditos”. La suma de todo ello ha enervado más la crispación existente fruto de la globalización.

A su vez, determinadas profesiones de élite como médicos y cirujanos son cubiertos al margen de españoles y otros europeos, esencialmente por pakistaníes, quienes ostentan los mejores inmuebles de las zonas residenciales. La unión laboral de este grupo étnico, que domina en buena parte el pequeño comercio, hace también lógica ostentación de ese mayor nivel de vida respecto a un inglés medio de la clase obrera, sea en coches u otros objetos de lujo.

Como guinda final, han tenido  que ver desembarcos empresariales extranjeros como la apodada “nueva armada española” que compran y sustituyen a sus mejores bancos, logran concesiones de todo tipo en su tierra, mar y aire; y que además tuvieron que contemplar como la práctica totalidad de empresas de automoción nacionales, fueron  compradas por los germanos.

Si a todo lo anterior le sumamos que a diferencia nuestra, aún no  han asumido plenamente la perdida de las colonias y del propio imperio, fruto en parte por la victoria en la 2ª  GM., y ser muy propensos a idealizar su Historia;  más el hecho de  destacar  en ciertas tecnologías, o ser la segunda plaza internacional en finanzas; les hace osados, permitiéndose inconscientemente el lujo de ser los cuartos consumidores del mundo de armas, lo cual no se corresponde en absoluto con su actual más que modesto papel en cuanto a influencia y “status” internacional; todo lo cual, nos lleva a la ilustrativa  conclusión que  había “caldo de cultivo” más que suficiente para que unos avezados malos pastores de ideología nacionalista de ultraderecha se cebaran con un pueblo ignorado y humillado por la élite y por el antisistema del propio sistema, que es más nocivo incluso que esos que se auto catalogan como antisistema; todo ello además  en una consulta de una complejidad  extraordinaria, donde la mayoría de medios de comunicación, sin la más mínima objetividad y con un desmesurado afán de lucro, se inclinaron por la irracionalidad sentimental del anacrónico y rancio nacionalismo de estrechas miras insulares.

Visitan Europa y especialmente en España, observan una seguridad social pionera con unos edificios de nueva generación impresionantes a diferencia de los suyos del S.XIX e inicios del XX; una red de infraestructuras de carreteras moderna; trenes de alta velocidad que son los sextos del mundo; una juventud preparada y apta para pisar fuerte; unas segundas normales residencias que ellos no disfrutan con ese anhelado Sol y la idiosincrasia de vida sureña que nos caracteriza. En definitiva, todo lo que ellos hubieran deseado y merecían, y para colmo con el mejor fútbol y liga del mundo, cuando su propia selección lleva años sin darles alegrías y la liga la gana el colista. ¿Quedaran más plagas bíblicas por llegar?

El escudo de Britania reza: “Dios y mi derecho”. Ambos sin duda, les harán falta; y a nosotros también por aquello que dice: “cuando veas las barbas del vecino afeitar…..”

 

José Manuel Gómez

 

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