#todossomosvecinosdeGracia

Mayo 26 17:35 2016 Print This Article
Los disturbios han provocado graves daños en el barrio

Los disturbios han provocado graves daños en el barrio

Sigo con espanto lo que sucede estos días en la Villa de Gràcia. Digo con espanto porque hay zonas que han quedado blindadas por estos personajes que yo calificaría de indecentes. Lo he dicho en más de una ocasión, son unos pollosos. Y sus seguidores uno tendría que desinfectarlos, para no pillar ninguna enfermedad.

Tenemos el caso de Can Vies y ahora lo de la Villa de Gràcia. Que yo sepa no ha salido ningún hastad, pero yo crearía este: #todossomosvecinosdeGracia. Y es que uno nunca ha vivido allí, ni ha estudiado en sus colegios, pero se siente muy cercano a lo que están sufriendo los vecinos. Luego hay, como decirlo, personas guay que están a favor. Estos guays estarían a favor, incluso, de que las ranas criaran pelo. Por Dios, qué asco me dan a veces personajes tan camaleónicos.

La Villa de Gràcia, históricamente, había sido un barrio de Barcelona con un cache como pocos barrios. Me recuerda al Montparnasse de París. Un lugar plenamente cultural. Allí se inventó la rumba catalana, con los gitanos catalanes, encabezados por el Pescadilla. El toque de guitarra, conocido como ventilador, se inventó allí. Payos y gitanos convivieron durante años y crearon una cultura catalana y barcelonesa admirable. Luego vino el Teatre Lliure. Allí estuvo el cine Verdi, los Lluisos, centros corales y un sinfín de experiencias socio-culturales que hicieron grande esa Villa.

Con el tiempo se empezó a degradar por culpa de las políticas llevadas a cabo y por los cambios que siempre sirguen en toda ciudad. Una población envejecida permitió la ocupación de casas y locales. Como toda novedad les hizo gracia. Punkis, colgados, antisistema… se adueñaron de locales y casa deshabitadas. Esto se mezcló con bares alternativos. Lo que hizo gracia en un principio se convirtió en un problema que ha desencadenado los hechos de estos días. Y es que es difícil acabar con una cosa a la cual se le dio la espalda hace treinta años. Y la culpa la tiene, sobre todo los gobiernos de izquierdas que han dirigido los destinos barceloneses.

La mítica Plaça del Diamant de Mercè Rodoreda ha pasado a la historia. Aquella Plaça, las verbenas, el ambiente de pueblo, el conocimiento de los vecinos… todo esto está en espíritu, pero no en la calle.

Los antisistema forman parte del sistema, aunque ellos no se quieran dar cuenta. Es como aquel que expresa: “yo soy ateo gracias a Dios”. Pues lo mismo. Al final, más tarde o más temprano, formaran parte del sistema o, sino, el sistema los absorberá y verán el futuro desde Montjuïch, o desde Poble Nou, o cualquier cementerio de Barcelona. Ocaña quería cambiar la ciudad de los años setenta y pasó a ser historia. Igual que Johnson o Escamillo. O tantos y tantos que intentaron ser diferentes. Barcelona se ha mantenido como lo que es y ha sido siempre: una ciudad multicultural, que lo puede absorber todo, pero también escupe lo que le es innecesario.

Y todos estos antisistema, con el tiempo, serán o bien absorbidos o bien serán escupidos. Ahora hacen batallas campales. Mañana tendrán que cuidar a sus hijos. Y lo malo no es que la CUP esté detrás de ellos. Lo raro es que no estuvieran. Eso sí, todos estos antisistema es como en los sesenta del siglo pasado. Se iban a colocar a la India, con los hindúes y todas sus circunstancias y, hoy en día son altos directivos. Con coches de lujo, yates, casas, mujer e hijos. Por aquel tiempo iban a colocarse gracias a la tarjeta de crédito de los padres.

Y los de la CUP de hoy en día, a pesar de todo, son unos sistemistas. Todos cobran del Parlamento. Ninguno de ellos devuelven el dinero y colocan a sus compañeros para que puedan conocer lo que es el stablishment. Dicho de otra manera. No estaban acostumbrados a comer caliente, pero cuando han descubierto lo bien que sienta, disimulan su antisistemismo, pero se quedan dentro del sistema.

Es muy duro no comer caliente. Y no sólo la CUP ha descubierto esto. También encontramos otros referentes políticos que se han dado cuenta de una cosa: es mejor vivir del sistema que en contra de él. Aunque disimulen y mantengan unos pensamientos ya nada afines, comer caliente significa la perfección.

Y eso es lo que quería decir. Y por si acaso alguno no me entiende, esta vez, y sin que sirva de precedente, lo he escrito en castellano. Y lo he hecho por dos cosas. En primer lugar porque me ha dado la gana –soy un antisistema-. Y porque me revientan los encasillamientos. Lo dicho, sed buenos.

Joan Fornells Barnils

Periodista

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