La nación anacrónica

Abril 23 09:59 2016 Print This Article
Vera-Cruz Miranda

Vera-Cruz Miranda

La Historia resulta una herramienta imprescindible en la construcción nacionalista porque sirve para crear y difundir un falso pasado a través del cual se pueda justificar la existencia de una nación legendaria. Los historiadores del siglo XIX, con ideas nacionalistas, fueron los culpables de la construcción de un relato histórico nuevo que fundamentara el pasado de la nación catalana y sirviera para fomentar la identidad nacional. Esa nueva narración estaba repleta de mitos y leyendas, cuyo objetivo era ensalzar a héroes inventados, falsos mártires y nuevas costumbres y tradiciones creadas al servicio de la “nación”. La historia “nacional” catalana, más mitología que historia, había surgido al servicio de una causa ideológica y se convirtió en el relato oficial que justificaba esa necesidad de reclamar unos derechos que eran históricos, pero que se habían perdido por culpa de la dominación castellana, por supuesto. En la actualidad ya han pasado más de cien años y todavía sigue difundiéndose ese falso relato creado con unos fines muy determinados; sin embargo, resulta esencial en la formación del espíritu nacional catalán. Por eso se esfuerzan en su difusión desde la Generalitat, las instituciones públicas, las revistas de historia (las subvencionadas evidentemente), los museos, los cuentos infantiles, cualquier conferencia o actividad relacionada con el pasado, los medios de comunicación y, evidentemente, los libros de texto. Este último punto es fundamental, pues los niños ya salen del colegio con la historia nacional aprendida con lo que tienen menos posibilidades de llegar a ser “traidores a la patria”.

Este falso relato gira alrededor de un concepto clave: la nación catalana. Todo acontecimiento histórico, ya sea una guerra, un episodio concreto, las hazañas de algunos personajes, debe servir para justificar la existencia de esa nación. Pero, además, el relato cuenta con otro elemento determinante: la antigüedad nacional. Es indispensable remontar sus orígenes a la Edad Media para considerarse la nación más antigua de Europa, pues la legitimidad nacionalista es directamente proporcional a los siglos de existencia de esa nación soñada.

El problema está cuando se pretende demostrar lo que nunca llegó a existir, pues resulta imposible. La única manera es falseando, tergiversando o manipulando el discurso histórico, así que esto es lo que hicieron los historiadores nacionalistas decimonónicos. Por este motivo hemos de tener presente que su tesis presenta un error de base: la existencia de la nación catalana. El concepto “nación” es propio del siglo XIX como concepto político; sin embargo, en el discurso nacionalista se aplica a la Edad Media, cuando en esa época no existían las naciones. Así que estamos ante una nación anacrónica o lo que es lo mismo: una falsedad. Es una afirmación errónea como también lo es decir que en el medievo los catalanes eran ya nacionalistas. Esto además también es una incoherencia.

En esa historia adulterada de la “nación catalana” se obvia el contexto histórico y político general. Se muestra a Cataluña como si desde siempre hubiera sido una entidad política plenamente independiente con una cultura tan propia que resulta única. En Cataluña tenían sus leyes, como también Aragón y Valencia; en Cataluña se reunían las Cortes, como en Aragón y en Valencia; en Cataluña estaba la Diputación del General (posteriormente conocida como Generalitat) como recaudadores de impuestos, igual que en Aragón y en Valencia. Las instituciones catalanas eran las mismas que las de los reinos de la Corona de Aragón. Todas ellas, evidentemente, al servicio del rey de Aragón. Por tanto, ni independientes, ni autogobierno, ni autónomos, ni únicos.

La historia de Cataluña es incomprensible sin sus relaciones de pertenencia a la Corona de Aragón. Por suerte, en la Edad Media la sociedad tenía una mentalidad mucho más abierta que la actual y entendían el verdadero papel de Cataluña. En esa época concebían la Corona de Aragón como un cuerpo político, cuya cabeza era el monarca y sus miembros los diversos reinos. Defendían la unió indisoluble e fraternitat dels dits regnes [Aragón, Valencia] e Principat fins avui tan excelsa e prosperada.  Y creían, según la doctrina evangélica, que todo reino diviso será desolado. Por tanto, eran plenamente conscientes de que pertenecían a un conjunto al servicio del rey de Aragón en el que todos sus miembros estaban al mismo nivel.

Por desgracia, algunos historiadores catalanes perdieron el seny en el siglo XIX y comenzaron a divulgar un falso relato en el que se negaba un pasado y una realidad. Por lo visto, todavía no lo hemos recuperado y seguimos con las mismas mentiras. Creo que los historiadores tenemos el deber de volver a construir nuestra historia, la real, la verdadera, la que acepta nuestro pasado, la de los catalanes amb seny.

Vera-Cruz Miranda

Doctora en Historia

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2 Comments

  1. iñigo
    Abril 28, 22:29 #1 iñigo

    Magnífico texto. Muchas felicidades a la autora. Es estupendo comprobar que aún quedan historiadores que se ciñen escrupulosamente a la verdadera ciencia histórica, y no a la ideología. Lamentablemente esta clase de textos son una gota en el desierto social que es hoy Catalunya, pero son muy refrescantes. Gracias.

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  2. jazemabo
    Mayo 18, 08:26 #2 jazemabo

    Curioso que muchos historiadores internacionales coincidan con la versión de los historiadores catalanes. ¿no será que durante siglos se ha construido el mito de españa como la nacion mas antigua de Europa? Uf, perdón, debería haber dicho Castilla.

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