Palacio de las Misiones i el SIM

Abril 13 17:17 2016 Print This Article
El desaparegut Palacio de las Misiones de Barcelona

El desaparegut Palacio de las Misiones de Barcelona

cesar2En un article que va aparèixer a La Vanguardia el passat diumenge 10 d’abril s’enraona de dos treballs publicats pel periodista d’aquest mitjà, Jaume V. Aroca, i especialitzat amb “immigració dels silenci” i un altre de Imma Boj, directora del Museu d’Història de la Immigració de Catalunya. Un ha sortit a la revista l’Avenç, número 298 i l’altre a Andalucía en la historia, número 28. En ell s’explica que el enderrocat Palacio de las Misiones va ser, des del 1952 a 1957 un lloc d’internament de les persones que arribaven a Barcelona des d’Andalusia. Per allà van passar unes 15.000 persones. Moltes d’elles van tornar als seus pobles d’origen. A Misiones es classificava, desinfectava i alimentava als immigrants. El pas per Misiones va decaure amb el pas del temps i amb la necessitat de mà d’obra a Catalunya.

Si bé es cert que, amb posterioritat l’edifici es va enderrocar i es van construir els actuals Jardins de Joan Maragall, al costat del Palauet Albéniz, no es menys cert que la història de Misiones va més enrere del 1952. Dit d’un altre manera, aquest Palau va ser un dels camps del SIM que van haver a Catalunya durant la guerra civil. Si bé es important saber el que va passar una vegada acabada la guerra, no és menys important conèixer la història completa d’aquest recinte que moltes persones van recordar durant molts anys pel tracte que allà van rebre.

Abans de parlar de Misiones potser en hem de fer una pregunta, què significa el terme camp de treball del SIM? Es podria simplificar dient que van ser instruments de repressió del SIM. Tot i que van aprovar la seva fundació els anarquistes, i en particular el ministeri presidit per Joan Garcia Oliver, no va ser fins l’arribada dels comunistes que es van posar en pràctica. Els camps es van omplir de presos que estaven tancats en diferents presons catalanes. En el mes de gener de 1938 funcionaven a Catalunya els preventoris judicials de: Barcelona, Girona, Tarragona, Reus, Tortosa, Manresa, Lleida, la Seu d’Urgell, Sabadell, Terrassa, Puigcerdà, Olot, Sant Feliu de Llobregat i el Vendrell. En totes elles hi havia un total de 2.345 presos preventius. A més funcionaven correccionals a Figueres, Mataró, Cerdanyola, Vic i Barcelona. Els camp de treball van servir, no sempre, per treure’s de sobre a personatges complicats. Els mateix es va fer en els camps de concentració nazis. Tots aquells contraris al führer eren deportats allà. Recordem a Canaris. Doncs no fa falta anar tant lluny. Aquí, a Catalunya, es va portar a terme la mateixa pràctica. Tot aquell que molestava o era incòmode, anaven a parar als camps de treball. El tracte era inhumà, es practicaven assassinats i es vivia en un clima de terror. Si bé tothom sabia que existien les txeques i on estaven, no passava el mateix amb els camps de treball. El seu desconeixement era absolut. Només les autoritats sabien les brutalitats que allà es duien a terme.

Per conèixer de primera mà el que succeir al Palacio de las Misiones, res millor que el testimoni de Trinidad Mariner Fernández. Aquesta noia, que en esclatar la guerra era una adolescent, va viure com afusellaven al seu pare Vicente Mariner Gimeno pel sols fet de ser carlista i directiu del Banc Hipotecari Català. Era amic de Miquel Junyent –avi de Miquel Roca- i de Joan Baptista Roca Caball –pare de Miquel Roca- i d’altres carlistes catalans. També de membres d’Unió Democràtica de Catalunya. Per això el membres anarquistes –amb el suport d’ERC- el van afusellar al cementiri de Montcada i Reixach el 14 de desembre de 1936. Aquesta noia, amb la seva mare, van estar a Misiones. A continuació reproduïm el testimoni que ens va deixar pel seu pas per a aquell camp de treball del SIM:

En la planta baja enorme del Palacio de las Misiones, colocaron cientos de máquinas de coser que habían requisado y a los sastres y sastresas, dueños de esas máquinas y a otros ayudantes que cosían ropa para el Ejército. Nosotras limpiábamos nuestra rotonda y todo lo de abajo, con los aseos, todos los días y algunas iban a limpiar despachos y edificios que habían requisado los milicianos y especialmente los del SIM.

Al llegar al Palacio de las Misiones fuimos conociendo a todas las presas que estaban en el primer piso del Villa de Madrid. Una de ellas, falangista, se llamaba Asunción Soria Pérez, Chon la llamaban de modo familiar y fue haciendo unas semblanzas en verso de las chicas que estaban con ella. Le copio algunas que aprendí en el Palacio de las Misiones:

 

Hay aquí una pobre enfermera

que en su vida sólo trabajó de paseo,

salió con su novio y por eso una agente la encerró.

¡Yo no quiero novio, porque suelen embarcar!

Me quedaré soltera para tener libertad!

 

Otra chica se fue de visita y un agente la puerta le abrió.

muy amable le dijo que entrara; pero luego salir no la dejó.

¡Ya no haré visitas por que suelen salir mal!

Me quedaré en casita sin hacer vida social.

 

Otra chica se pasó de fina y en la calle a un amigo encontró.

se acercó y le dio los buenos días y por eso un agente la encerró.

¡Atención muchachas! ¡Cuidado al saludar!

¡Por que a los agentes no les suele esto gustar!

 

Por la mañana nos pasamos la lendrera

y esto es un caso muy difícil de explicar,

pues van saliendo los piojos como peras

y la celda se empieza a amotinar.

¡Ay, miliciana pajolera, cuanto nos llegas a humillar,

por que llevamos en las venas sangre española de verdad!

 

¡Por Dios Capitán Ferrer, diga que llenen el plato!

¡Que he de pasar muchas horas yo aquí

con un poquito de caldo!.

 

En el Palacio de las Misiones primero tuvimos unos guardias rusos, a los que llamaban Etapas, que nos hablaban por señas, pues no entendían el español ni nosotras el ruso. Después tuvimos guardias españoles y luego vinieron definitivamente unas mujeres, celadoras, vascas que exigían obediencia y disciplina. Cumplido esto, su trato era humano. La jefe se llamaba Ernesto y nos decía las veces que había ido a Méjico y a Rusia a llevar niños españoles. Méjico está lejísimos, pero Rusia está a un paso, nos decía. Las otras eran Nati, Aurelia y Beatriz y no se si alguna otra. Las que eran groseras, insultadoras y siempre riñendo y burlándose eran las que teníamos en la checa de Vallmajor, donde fueron los días más penosos de nuestro cautiverio, sin contar los bombardeos y de modo especial los interrogatorios del barco Villa de Madrid.

Una de las amistades que hicimos en el Palacio de las Misiones fue la de Doña María Pardo Maldonado, que decían que era descendiente de la Emperatriz Eugenia, vino a Las Misiones, cuando ya estábamos nosotras un par de meses, con treinta o cuarenta mujeres más, a las que detuvieron en la Embajada de Turquía, en Madrid, cuando la asaltaron Milicianos o agentes, no lo sé seguro cuando una hija de esta señora estaba casándose con la bendición de un sacerdote con el Marqués de Larios, o era ella la marquesa que llevaba este título. Esta señora, muy amable, un día en que yo me encontraba mal y al subir al altillo que hicieron en la planta baja pues, pese a que era enorme, no cabían todas las máquinas de coser requisadas, ni los sastres y sastresas que allí cosían uniformes para los soldados, la cabeza me daba vueltas y tuve que sentarme en la escalerita de madera, hasta que poco a poco pude bajar.

Por las mañanas, los últimos meses, nos daban en vez de cazo de malta, otro cazo de arroz chino, con unas pieles de búfalo muy grasientas. Yo me lo comí algunos días, porque tenía hambre y necesitaba trabajar y mi madre me decía: “Hija de mi alma, cuanta hambre tendrás para comerte eso”. Y eso me hizo daño y no podía comer nada. Entonces, esta señora Doña María Pardo, se enteró y me trajo unos cubitos de caldo Maggi, para que los deshiciera con agua del grifo, que ella los recibía no sé cómo, del Socorro Blanco.

En Las Misiones estaba también una alemana, alta y muy guapa, que tenía buena relación con sus compañeras detenidas y también con mi madre y conmigo. Se llamaba Irma Hostterman, y ella y su marido, alemán como ella, estaban encarcelados por algo que hicieron en el Socorro rojo que no era correcto. Esta alemana, antes de ir la Palacio de las Misiones de Montjuïch, estuvo detenida en el Seminario de Segorbe donde había también prisioneros que eran de Nules, amigos míos y la conocían y la apreciaban.

 

César Alcalá

Historiador

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