Pero ¿a quién le sorprende?

abril 08 15:58 2016 Print This Article
José Rosiñol

José Rosiñol

Desde luego si hay algo que pueda sorprender del “prusés” separatista catalán es precisamente la capacidad para hacer ver que no se ve, desde hace años tenemos a un elefante rosa en nuestro comedor y hacemos como si no existiese, naturalmente me refiero a la capacidad de autoengaño de ese mínimo común múltiplo denominado “opinión pública” que en Cataluña podría traducirse como “opinión publicada y convenientemente subvencionada”, por ello resulta interesante que los promotores del llamado “Manifiesto Koiné” únicamente han constatado lo que siempre ha sido el nacionalismo catalán: un movimiento de corte etnicista y clasista (sí movimiento con rasgos y características muy parecidas al nacionalcatolicismo, de hecho me gusta denominarlo “nacionalcatolicismo de espardenya”).

Sorprende que fuerzas políticas que han gobernado en Cataluña como CDC o ERC se desgañiten por el bilingüismo, incluso sacando en procesión a aquellos que ellos mismos (casi) siempre en privado y en voz baja los llaman despectivamente “charnegos”, pero si tan inclusivo es este movimiento, sin tan festivo, tan familiar, tan abierto, moderno y acogedor dicen que es, ¿qué sentido tiene la obligatoriedad de la inmersión lingüística?, ¿por qué promueven la persecución, los escraches y la muerte civil de aquellos padres que únicamente quieren una educación equilibrada?, ¿acaso entienden por bilingüismo imponer multas a los comercios que no rotulen en catalán?, ¿por qué las comunicaciones de las instituciones públicas se hacen solo en catalán?, ¿por qué existe un código de usos lingüísticos en la sanidad pública que llega a recomendar usar la mímica antes de cambiar a la otra lengua propia de Cataluña como es el español?

Vemos que los promotores del manifiesto se dicen intelectuales, son esa intelectualidad orgánica y dogmática que anteponen una ideología más propia del siglo XIX o del periodo de entreguerras que a nuestra contemporaneidad, lamentablemente usan el término Koiné como si la lengua, más bien una serie de variedades lingüísticas conformaran el territorio, como si el individuo, el ciudadano, su ser, su ontología estuviera atrapada en una especie de determinismo geográfico/cultural, lamentablemente lo que exponen en dicho libelo parece una reedición de aquella máxima del nacionalismo alemán: Alemania está donde hay alguien que habla alemán…el Koiné germánico.

José Rosiñol Lorenzo

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