Evitar el pesimismo nacional de la generación del 98

febrero 29 12:37 2016 Print This Article
José Manuel Gómez

José Manuel Gómez

Conocida es la negativa influencia de un sector de esta generación intelectual, fruto de su particular visión negativa general de nuestro país y que acarreó la consiguiente nefasta influencia posterior en nuestra propia Historia, cuyas raíces, habría que buscarlas ya en algunas plumas plañideras del propio Barroco, a raíz curiosamente también de la misma constatación de la decadencia del Imperio, aunque en este caso referido a su “inicio”. Tal pesimismo final, se acentuó pues, por no querer asumir el desencanto resultante de la lógica independencia de las colonias de ultramar; unido todo ello por ende, a la especial política de un país ingobernable que representó el S. XIX., dentro de un arduo contexto socio político y económico.
Por todo lo anterior, hizo que el propio Otto V. Bismarck cuestionase osadamente la misma viabilidad y existencia de nuestro país, en base a lo que él calificaba de “ineptitud de nuestros políticos”. No olvidemos que tuvo conocimiento directo del enfrentamiento bélico marítimo contra EEUU., con una tecnología militar de estos sorpresivamente muy superior pese a su reciente historia, crucial aspecto técnico que evidentemente no pudo neutralizar el simple honor y coraje mostrados por nuestros militares y sus arcaicos navíos.

 
Haciendo un símil con la afortunadamente muy diferente España moderna actual, pero con la clara convulsión socio económica resultante de esta ficticia crisis internacional, propiciada en buena parte por las irracionales bases del propio neoliberalismo, que actualmente campan a sus anchas desde la misma caída del muro de Berlín, unido todo ello a la paralela debilidad de la izquierda como lógico resultado en gran medida de entregarse a su vez a esas viscerales leyes de mercado; hacen que en definitiva, el país esté en una especie de nueva encrucijada.

 
Que duda cabe que la contumaz deslealtad institucional de algunas autonomías, pretendiendo nada menos, que cambiar ingenuamente de forma tan romántica como peligrosamente el mismo “status quo” internacional, hace más ardua la salida a este especial y difícil contexto que estamos inmersos; siendo de lejos la constatada corrupción de la política actual española el principal factor negativo de dicho laberinto, que podría dar incluso al traste con el futuro y la misma idea milenaria de España.

Es por ello por mucho que pueda sorprender, que propondría de ser factible, la idoneidad de una tabla rasa, una especie de amnistía penal, no exenta por ello de la previa devolución a las arcas públicas del fisco de todo el dinero expoliado, requisito “sine qua non” – similar a la amnistía fiscal reciente-; solución esta que representaría a mi modesto punto de vista, la única salida política rápida, pragmática y viable de la que salvo error, creo que hay algún antecedente en el política internacional.

Con dicha solución, no pretendo en absoluto beneficiar o eximir la patente corrupción y su oportuna depuración judicial, sino al contrario, sin causar precedente, representaría recuperar más ágilmente lo expoliado y lograr que nos centremos en el presente y futuro inmediato; en la tranquilidad y por ende seguridad, que este triste espectáculo, no se iba a volver a repetir si se instaurasen paralelamente unas rígidas y claras leyes de control oportunas: 1.) Contratación institucional “pública”, erradicando así el sobre cerrado de las condiciones de contratación; 2.-) Control efectivo del Tribunal de Cuentas y no sólo de lo reenviado con fecha de inminente caducidad, y que sea dotado de más medios de todo tipo hoy inexistentes; 3.-) Nuevas competencias a Secretarios e interventores de los Ayuntamientos, que ostenten verdadera autonomía y potestades claras de control de la legalidad vigente, las cuales han ido curiosamente reduciéndose o incluso anulándose; 4.-) Nueva Ley de responsabilidad de gestores públicos, que implique responder con su propio patrimonio privado; 5.-) Reforzamiento del Código Penal; 6) Regulación de la función pública al estilo de los países escandinavos con un coste mucho más razonable y exento de privilegios de los
representantes elegidos, lo que persuadiría a cualquier aventurero económico. Exigencia de unos mínimos requisitos profesionales y/o vocacionales para ejercer. 7.-) Control del crédito a los Partidos Políticos, tendente a evitar financiaciones bancarias de campaña tradicionales, cuando con los actuales medios técnicos y públicos, sabido es que se puede hacer la misma función; 8.-) Efectivo control del ejercicio interno democrático de los partidos políticos. Exclusión de investigados y condenados penales. Transparencia de patrimonios 9.-) Efectiva división de poderes evitando perniciosas injerencias. 10.) Etc…..

 
Con ello, evitaríamos nada menos que este infinito laberinto jurídico y consecuente falta de necesarias esenciales inercias, tanto políticas, como de cualquier otro tipo, que hacen que la nave esté sin timón y a la peligrosa deriva dentro de esa pésima imagen internacional que estamos proyectando, con el serio riesgo añadido, de que ello nos lleve a un nuevo y eterno “pesimismo generacional”; evitando por ende los riesgos de la misma prima de riesgo, al neutralizar a su vez el creciente populismo, que ya está llamando a la puerta por la propia dinámica del ilógico antisistema que representa paradójicamente las discordancias y abusos del propio sistema.. Con dicha solución excepcional y sin que sirviera, repito, para causar precedente ningún tipo, nos permitiría centrarnos en lo primordial, en el presente y en el futuro, y recuperar la misma esperanza que como todo pueblo, tenemos derecho.
No pretendo ignorar la enorme dificultad de aplicar una figura tan excepcional como es la amnistía penal en delitos comunes, más cuando pudiera beneficiar a miembros del propio Gobierno, hechos que se podrían interpretar diferentes en cuanto a tipificación respecto a los que fueron motivo de la amnistía fiscal realizada tanto por el PSOE y por el PP; institución esta de la amnistía que, curiosamente no viene regulada en la CE., a diferencia del indulto que si lo está ( Arts. 62.i; 87.3y 102.3), y cuya alternativa aplicación, curiosamente tendría una dificultad aún mayor, y ello pese a que, se entiende que ha habido ya una sentencia de culpabilidad. En definitiva, mucho me temo que salvo mucha y sutil imaginación, amén de una clara voluntad y pragmatismo general tendente a la reconciliación social, que no necesariamente tendría que estar reñido o exento del legítimo interés de recuperar lo expoliado a las arcas del fisco; difícilmente podremos librarnos de este nuevo pesimismo y recelo que nos está invadiendo, y que nos llevará con toda seguridad, a una segura falta de ilusión y de necesarias inercias de todo tipo, incluyendo nuestra propia unidad, pues el difícil contexto de esta cruda realidad, deja mucho juego para los manipuladores de sueños por muy disparatados e idílicos que estos sean.

 
Huelga decir, que Uds. tienen como soberanos la última palabra.

José Manuel Gómez

Abogado y escritor

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1 Comment

  1. Martín Moreno
    febrero 29, 16:26 #1 Martín Moreno

    No estoy de acuerdo en su base, como sabes, tú escrito diciendo verdades destila un pesimismo que es justamente el que invade este país. El dinero que ha “volado” difícilmente volverá, aún con anmistía, y regenerar un país que ha vivido durante todo el tiempo que dicen que lleva unido, sumido el el engaño y la corrupción será, bajo mi punto de vista, imposible. Ahora bien, que afirmes que uno de los problemas de este país son las “autonomías dislocas” yendo la puya dirigida hacía una que ambos sabemos cuál es, ya sabes que no estoy de acuerdo, esta autonomía, nacionalidad la llamo yo, está cansada de pagar y pagar para que otras vivan de una forma cómoda y sin cansarse nada de trabajar. Esta es mi opinión. Enhorabuena por el artículo que lo he visto muy bien armado.

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