Cuba catalana

febrero 24 07:54 2016 Print This Article
Josep Ramon Bosch

Josep Ramon Bosch

Las élites de poder catalanas han sido las responsables del progreso económico español y al mismo tiempo las promotoras de buena parte de los procesos autodestructivos que cíclicamente hemos padecido en nuestro solar patrio. Estas élites no han buscado nunca la secesión de España ni tampoco se han sentido ajenas a la Corona, y cabe recordar que el único episodio real en que Cataluña puede alegar una voluntad de separación fue durante la Guerra de los Segadores de 1640, cuando los dirigentes catalanes quisieron evitar que el campesinado continuase asesinándoles y la aventura rupturista acabó en una trágica guerra civil.

Sin embargo en los últimos ciento veinte años hemos sufrido, de una parte de las élites, el doble juego supremacista del separatismo iniciado con la pérdida de la Isla de Cuba y que pretende finalizar con la independencia de Catalunya mediante el llamado proceso de desconexión, dirigido por una burguesía decrépita e instalada en el poder por la cleptocracia pujolista. Un nacionalismo separatista que empezó a finales del siglo XIX, en una España negra, caciquil, corrupta y abatida, que padecía una crisis social, política y económica motivada por un proteccionismo económico incompetente y que impidió el progreso de la industria española, al tiempo que generó una enorme inestabilidad social del proletariado urbano, génesis del pistolerismo anarquista y complementado con la eclosión del nacionalismo romántico promovido por la burguesía catalana, y que posteriormente contaminó a los hijos del carlismo vasco.

Anuncio de venta de esclavos en el Diario Mercante de Cuba (1846)

Anuncio de venta de esclavos en el Diario Mercante de Cuba (1846)

La explotación durante varias centurias de las posesiones coloniales permitió a la oligarquía catalana crear una floreciente industria, disfrutando a la vez de un protegido y exclusivo mercado interno en España sin competencia y al tiempo extraer la riqueza de ultramar que la monarquía hispana ofrecía a sus súbditos catalanes. Hay que remarcar que fue la insistencia de las élites catalanas en mantener a Cuba como una colonia, oponiéndose radicalmente a la cesión de autonomía que ofrecía el gobierno lo que provocó la guerra de la independencia cubana, y su posterior pérdida. La perversión del nacionalismo catalán en su cuerpo doctrinal antiespañol demuestra la naturaleza ilegitima de su discurso, pues se ha preocupado de culpar en exclusiva al Estado español de la pérdida de Cuba y las consecuencias posteriores del desastre del 98, al hacer oídos sordos a las reclamaciones descentralizadoras que emanaban de la isla, olvidando la responsabilidad de las élites catalanas en impedir cualquier diálogo que pudiese reconducir la situación.

Paralelamente hay que señalar el empuje y auge de una Catalunya industrial y de locomotora de España, que en pleno siglo XIX multiplica su poder económico debido a la masiva llegada de los llamados indianos. Son los nuevos ricos, catalanes que partieron pobres de solemnidad de las villas costeras de Barcelona y Gerona hacia las Américas y que regresaron a la península como triunfadores y filántropos, inversores en villas y mansiones, y que ejercieron de patricios bondadosos, manteniendo una relación estratégica entre las grandes familias empresariales catalanas con Barcelona, convirtiendo a la ciudad condal en su lugar de residencia e inversión, fueran catalanes de origen o no (el marqués de Comillas, los Goytisolo o Zulueta, que no eran catalanes pero se integraron como tales). El retorno de los indianos significó, también, el regreso de ingentes beneficios y de capitales generados en la isla a través del tráfico de esclavos. Unos recursos financieros que sirvieron para fundar los primeros bancos (Banco Hispano Colonial), para invertir en la industria metalúrgica (La Maquinista) y textil, en la creación de ferrocarriles (el tren Barcelona – Mataró) en la inversión inmobiliaria que se tradujo en una enorme expansión urbana con la urbanización de la nueva Barcelona, la apertura de la Vía Laietana, o la construcción del Ensanche de Barcelona, que fue la mayor operación de blanqueo de dinero de la historia de Europa, gracias a unos inmensos recursos amasados en buena medida por el comercio negrero. No es de extrañar, pues, que Barcelona se convirtiera en el centro del negocio colonial español durante la última mitad del siglo XIX, pues en ella radicaban las sedes de las tres empresas -y sus accionistas- que más hicieron para transferir las riquezas antillanas: la Compañía Transatlántica Española, el Banco Hispano Colonial y la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

Para los catalanes, el ideal cubano fue durante largo tiempo la ilusión en convertirse en ricos indianos y ser los valladares en la defensa del españolismo más rancio y recalcitrante, sin embargo la pérdida de Cuba y Filipinas, troncó las expectativas de buena parte de la sociedad biempensante catalana, y la frustración por la pérdida de las colonias en 1898, mezcló el romanticismo nacionalista con una crítica tardía al modelo político ineficiente, corrupto y de desgobierno de España. Así con la independencia de las colonias caribeñas, una enorme decepción recorrió la ciudad de Barcelona, que se tradujo en la implantación ideológica de la corrección política del nacionalismo catalán en la que Cuba aparece como el faro que ilumina el camino a seguir hacia la secesión, la lucha de un pueblo que se quiere emancipar del colonialismo español, harto de rogar mayor autonomía ante la sordera habitual de los políticos de Madrid. No es casualidad que la bandera estelada, ideada por el marino Vicenç Albert Ballester se inspirase en la cubana o que el otrora coronel español (y españolista) Francesc Macià se instalase en Cuba y en octubre de 1928 presidiese en La Habana la Asamblea Constituyente del Separatismo Catalán que aprobó la constitución de una futura República Catalana.

Hoy en pleno siglo XXI es frecuente escuchar a dirigentes políticos del separatismo catalán, que España perderá Cataluña como ya pasó con Cuba. La falsificación de la historia es la práctica habitual en el corpus ideológico del nacionalismo, pero se agrava en la comparación de Catalunya con Cuba, pues no solo la inmensa mayoría de políticos catalanes se movilizaron en contra de la independencia de Cuba, sino que muchos soldados catalanes partieron al Caribe a combatir, mientras la sociedad catalana expectante quería mantener la integridad territorial de España.

El 13 de febrero de 1880 el Rey de España Alfonso XII firmó el decreto de abolición de la esclavitud en España y por tanto cesó una de las actividades lucrativas más vergonzosas de la historia de la humanidad, negocio que dominaron como nadie los holandeses, norteamericanos y entre los españoles, los catalanes. A partir de la abolición del tráfico de esclavos por los británicos en 1821 y hasta 1845 hay documentadas más de 220 expediciones negreras catalanas, y sólo la población de El Masnou tuvo el record de tener hasta 8 reconocidos traficantes de esclavos (Pere Estapé, Joan Maristany, Carles Maristany, Joan Curell, entre otros), todos ellos formados en la escuela de marina de El Masnou, curiosamente la misma población y la misma formación que recibió el inventor de la estelada, el homenajeado Vicent Albert Ballester (personaje que firmaba sus panfletos como VICIME, acrónimo de ‘Viva la independencia de Cataluña y muera España’).

La historia que se quiere ocultar por parte del separatismo es demoledora para la consistencia de su discurso buenista, rupturista y antiespañol; y por muy doloroso que represente para la mayoría de catalanes, no debemos olvidar el concepto que lo propios cubanos tenían del despotismo de una parte importante de los comerciantes catalanes que hicieron pingües beneficios a costa de la explotación humana y que el retorno de la riqueza acumulada permitió el desarrollo económico de la región, y es que en Cuba se popularizó la frase “Al pasar por un barranco, decía un negro en su afán, ¡Ay madre, quien fuera blanco¡, aunque fuera catalán”. La insoportable superioridad moral de los separatistas catalanes queda trastocada ante la espantosa constatación del altísimo grado de implicación de la sociedad catalana en la política colonial española y especialmente significativa en la del tráfico de esclavos.

La trata de esclavos fue un lucrativo negocio para los indianos

La trata de esclavos fue un lucrativo negocio para los indianos

Traficantes de esclavos fueron los prohombres Joan Güell i Ferrer (Intelectual orgánico destacado de la burguesía catalana, financiero de primer nivel en Barcelona cuando volvió y una de las figuras más conocidas de la época. Impulsor de la Maquinista Terrestre y Marítima. Su hijo Eusebio, mandó construir el parque Güell y la Colonia Güell), Francisco Abella i Raldiris. (Comerciante y traficante de esclavos chinos y negros en Cuba), Pere Gispert. (Piloto de barcos y traficante de esclavos negros y la piratería con su barco, el “Panda”, capturado por los guardacostas de Estados Unidos, donde, con otros supervivientes en el combate, fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado); Francesc Martí i Torrents (Traficante de esclavos, primero negros y luego trabajadores mayas del Yucatán y chinos. Con los beneficios hizo una gran fortuna en La Habana, llegando a construir el Gran Teatro Tacón); Roc Jacint i Llopart (Traficante y prestamista afincado en Cuba, volvió a Barcelona como rico indiano); Cristóbal Parellada i Pagès. (Traficante de esclavos y comerciante entre Cataluña, Guinea y La Habana); Salvador Samà i Martí, (Heredó los negocios de su tío, el negrero Pau Samà, y gracias a su influencia política y el dinero obtenido al tráfico de esclavos prosperó también como comerciante en vinos y azúcar, senador vitalicio fundó el Parque Samà de Cambrils); Josep Xifré y Casas. (Consolidó su riqueza haciendo de banquero y se dedicó al tráfico de esclavos, ​​hizo construir las casas del Pla de Palau, llamadas popularmente los Casa Xifré – el restaurante 7 puertas- y un hospital en Arenys); Josep Borrell i Lemus (Hacendado, esclavista negrero y propietario del “Ingenio Guáimaro” con más de 400 esclavos i traficante de negros); Antoni López López (Marqués de Comillas, empresario y naviero cántabro afincado en Cataluña, se hizo rico con el tráfico de esclavos y pudo multiplicar de manera descomunal su fortuna alquilando sus barcos al gobierno para las expediciones de tropas españolas a Cuba en condiciones espantosas. Fue el promotor del Banco Hispano-Colonial junto a Manuel Girona y Evarist Arnús); Esteve Gatell (Traficante de esclavos, fue un capitalista con inversiones muy importantes en la empresa La Maquinista, en la línea ferroviaria de Barcelona a Valencia, las líneas de vapor y el Fomento del Ensanche de Barcelona); Josep Taltavull (Propietario de esclavos y posteriormente inversor y Financiero, impulsó el Banco Hispano Colonial); Familia Rabassa y Milán de la Roca (Miembros de la élite catalana con numerosos cruces matrimoniales con las grandes familias del momento y  traficantes de esclavos), entre otros muchos nombres de familia de reconocido abolengo.

Pero destaca entre todo Joan Maristany i Galceran (El Masnou, 1832-1914), piloto marino formado en El Masnou, conocido como “Marutani” y responsable del exterminio de los nativos de la Isla de Pascua. El progresivo movimiento abolicionista durante el siglo XIX, hizo que algunos negreros se dirigieran hacia las islas de la Polinesia, tras la abolición de la esclavitud en Chile, el puerto de El Callao, en Perú, se convirtió en la principal base esclavista. El 23 de diciembre se desplazó a la isla de Pascua con la corbeta “Rosa y Carmen” y junto con Maristany desembarcaron 80 hombres armados que se desplegaron adoptando la táctica de la chaquira, que consiste en atraer a los indígenas con perlas y objetos brillantes. En una jornada capturaron 349 rapanuis, además de matar a cientos e incendiar casas, contagió la viruela y murieron casi todos los pascuenses, calculándose que de los 3000 habitantes quedaron 11 familias después del exterminio de “Marutani”.

A pesar de la campaña de propaganda del separatismo para desvincular a los catalanes de la conquista de América y presentar a los españoles como un pueblo de salvajes, la realidad es que el grado de implicación de Cataluña en la política colonial española y el tráfico de esclavos durante el siglo XIX fue muy elevado y se dirigió, en buena parte, desde Barcelona. En 1869, durante la revuelta de la Guerra de los Diez Años en Cuba, la Diputación de Barcelona envió tres expediciones de voluntarios catalanes para sofocar la revolución y defender los intereses económicos nacionales en la isla. Los 3.600 voluntarios enviados desde Barcelona multiplicaban por tres los efectivos que correspondía aportar. Además los indianos organizaron y financiaron el Círculo Hispano Ultramarino de Barcelona y, posteriormente, crearon la potente entidad financiera del Banco Hispano Colonial. Además indianos procedentes de Cuba fundaron el Club Náutico de Barcelona y la Federación Catalana de Béisbol, además de miles de villas, hospitales y actividades filantrópicas que recorren la geografía catalana de Sitges a Begur.

Miles de catalanes se desplazaron voluntariamente a Cuba a defender la españolidad de la isla de Cuba. No fueron movidos por interés económico, ni se desplazaron para defender el tráfico de esclavos. Miles de jóvenes catalanes embarcaron por una cuestión menos prosaica que se llama patriotismo. El poeta Francesc Camprodon i Lafont, amigo de Balmes y difusor de la “Zarzuela” en Madrid, escribió en 1869 una preciosa poesía dedicada a estos voluntarios catalanes, aquellos jóvenes idealistas que salían de Catalunya a defender una España lejana y extraña. El poema es “Son los catalans ja venen”:

 

Son los catalans, ja venen!
Si hi ha criolls que sostenen
que no te fills Catalunya
per lluitar en terra llunya
lo vent los porta, ja venen.

Venen d’aquell cau que cria
minyons de cor tan valent
q’un jorn abordant l’Orient
y altre jorn la moreria.

Avuy la patria’ls demana
y may los demana en va.
¡Ay del que vulga afrontà
la venjansa catalana!

Los veureu prompte en campanya
que com lleons embesteixen
y com anyells obeyeixen
al que mana en nom d’Espanya.

Feras de potentas garras
presentan al plom lo pit
y no tenen mes que un crit:
¡San Jordi y vivan las barras¡.

Las barras d’historia bella
que en totas lluitas mortals
han sigut sempre’ls puntals
de las tropas de Castella.

Si estant Espanya en desmay
l’atormentan uns y altres
¡Llam del cel¡ avuy nosaltres
som mes espanyols que may.

La patria es mare fins are
y si pobra y trista està,
no’s dirà q’un català
ha renegat de sa mare.

Ja venen: los porta’l vent:
mes tots avans han jurat
no tornar a Montserrat
mentre hi hagi un insurgent.

Y no es jurament de maula,
que en terra proxima o llunya
no se sap que Catalunya
hagi trencat la paraula”.

 

Josep Ramon Bosch

Historiador

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2 Comments

  1. Olivier
    febrero 25, 22:10 #1 Olivier

    Excelente! Muy interesante! Gracias. Un saludo desde Paris

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  2. Lulu
    marzo 28, 03:19 #2 Lulu

    muy interesante, cuanta historia desconocida para los cubanos, mi bisabuelo era catalan. Les escribo desde Miami.

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